La vida es circo

11.11.07

“La vida es sueño”, dice Pedro Calderón de la Barca. “La vida es circo”, digo yo. Al menos la mía. Porque haciendo un recuento, todos los días me cruzo con algún espécimen circense. Al menos uno, claro, porque por desgracia, en general son varios en cada jornada.

Este mismo recuento, en todo caso, me hizo ver que no sólo me cruzo con artistas del espectáculo circense, sino que muchas veces me transformo en uno. No es que de improviso me ponga una nariz roja y comience a contar chistes o –ni pensarlo –me vista con una ajustada malla y haga piruetas por el aire. Por supuesto que no (sobre todo lo de la malla).

El circo nuestro de cada día es más sutil que el de las Águilas Humanas. Pasa más desapercibido que el de Los Tachuela. Es menos rimbombante que el de Timoteo, por cierto. Pero no por eso es menos circo, que quede claro.

Aquí, un recuento de los ejemplares circenses que me cruzo en el día a día. Dejo fuera, por obvios, a todos esos personajes de semáforo que simplemente detesto: malabaristas, tragafuegos, contorsionistas y sobre todo, los asquerosos mimos, esa especie que debiera exterminarse cuanto antes. Asimismo, excluyo de mi recuento a los payasos que acaban de pasar por Santiago en la llamada Cumbre Iberoamericana, y que no hicieron sino contar chistes de integración y darse manotazos sonoros pero que no duelen, siguiendo la escuela clásica del tony. La aclaración ya está hecha. Ahora, estimado público, bienvenidos al circo.

El señor Corales. De seguro en otros países –e incluso en otros lugares de este país –se le conoce con otros nombres. Pero básicamente es la figura del dueño del circo, el propietario del show, quien dirige la función y manda quién actúa, cuándo y cómo. El que mueve los hilos, el que corta el queque. El que cada vez que puede, en la casa, la oficina, la calle, el banco o donde sea, nos recuerda con saña que es él quien manda, él quien decide cuándo salimos a la pista, y qué hacemos. Es el jefe sin criterio, el uniformado ídem pero con una dosis de poder, el jefe de sucursal del banco que nos tramita más de lo necesario sólo para demostrar que puede, porque él manda. Odiosos todos los Corales.

El payaso. Es ese terrible compañero de oficina que pasa el día haciéndose el gracioso. Ya lo vivimos en el colegio, con el chistoso del curso, y en la universidad lo mismo. Lo tenemos en la oficina, y si nos cambiamos de trabajo, con seguridad en nuestra próxima ocupación habrá uno. Lo único que les falta es la nariz roja. Y uno que sólo quisiera tener los zapatos de payaso, grandes y pesados, para sacarlos a patadas cada vez que se asoman. Lo peor es que, tal como los payasos profesionales, no logran hacen reír.

El malabarista. Vive haciendo maravillas para no dejar caer las cosas. Siempre fui un observador, viendo cómo, por ejemplo, alguien podía llevar una bandeja cargada de vasos, platos, ceniceros, hielera y un sinfín de accesorios apilados inverosímilmente, sin dejarlos caer. O cómo, en un solo viaje, alguien podía bajar del auto una infinidad de cosas. Desde que soy padre me he convertido en un malabarista más. Bajar del auto con la guagua en su silla, el bolso con los pañales y ropa de recambio, algunos juguetes, chales y demás accesorios, amén del coche y, por supuesto, los efectos personales propios de los padres, puede convertirse en una hazaña. Y yo lo he logrado. Reverencia al público. Aplausos.

El equilibrista. También me he visto en la necesidad de ejercer este oficio. Aquí profundizaré un poco más, puesto que he perfeccionado diferentes números:
En puntillas. Este show se desarrolla en baños ajenos, por lo general públicos, salpicados por doquier de fluidos y desechos a los cuales se debe hacer el quite, caminando de puntillas y con curiosos pasos por el recinto. Sin apoyarse con las manos en superficie alguna, por supuesto, ya que están todas igualmente salpicadas. Un arte derivado de la más absoluta necesidad higiénica.
El flamenco. Citado en los comentarios de las “Mañas en el baño”, consiste en la capacidad de orinar con un pie en el piso y otro sujetando la puerta, en baños donde la cerradura está mala y, claro, el tamaño del recinto permita la maniobra. Créanme que no es fácil.
El secado. Una maravilla de acto. Para entenderlo, debe usted situarse en un restaurante. Está usted comiendo algo con salsa, digamos tallarines, cuando intempestivamente una porción de salsa cae –dónde si no –en su zona pélvica. Luego de maldecir por no haberse puesto la servilleta, corre hasta el baño y lava con abundante agua, y acaso jabón, la zona. La salsa ha desaparecido, pero ahora toda la zona está mojada, dando una pésima impresión. Luego de utilizar todas las toallas de papel disponibles, la única salvación posible es el secador de manos. ¿El problema? Está empotrado en la pared a una altura, obvio, para secarse las manos. Ahora es cuando el acto comienza, con contorsiones inenarrables para que el aire caliente dé en la zona afectada. Lo peor es que el secador siempre está al lado de la puerta, por lo que cualquiera que entre al baño desestabilizará al equilibrista de un portazo. Equilibrismo de alto riesgo. Y sin red.

El animal. No es que uno se cruce a diario con leones o elefantes, con camellos o tigres de bengala. Pero ¿quién no fue alguna vez a un circo de pueblo? Recuerdo la visita a uno que tenía como segunda gran atracción –la primera era un león con pulgas, tiña, una melena a medio caer y algunos dientes que sobrevivían a duras penas –a una jauría de quiltros con distemper que jugaban con un globo, y que eran presentados como “los fabulosos perros futbolistas”. Bueno, perros futbolistas veo todos los días, en cada esquina de esta ciudad de perros en la que vivo. Quiltros sin nombre ni dueño, que corretean a sus anchas por las calles. Intencionadamente dejo fuera a todos los demás animales que me cruzo a diario, choferes de Transantiago incluidos, para no alargar innecesariamente la lista.

Por último, un resumen: mi vida es, en sí misma y al margen de los personajes antes descritos, un circo. Uno pobre, de ésos en los que la misma persona promociona el show con un megáfono en el techo del auto durante la tarde, vende las entradas al comienzo de la función, el maní confitado cuando el espectáculo ya comienza y que luego desaparece, sólo para resurgir forrado en una malla y haciendo acrobacias en el aire, o con una nariz roja dándose cachetadas con otros payasos

Mi vida –y supongo que la de muchos –es la de un artista de circo. De circo pobre, claro. Multiplicándose, trabajando en varias cosas a la vez, haciendo malabarismos. Soy un artista circense, pero de circo sin glamour. No aspiro a trabajar en el Cirque du Soleil. Ni siquiera en Las Águilas Humanas. Lo mío es el circo de pueblo, el circo humilde y anónimo. Yo armo la carpa, vendo las entradas, hago las piruetas, cuento los chistes, apago las luces, desarmo la carpa y sigo al próximo pueblo, donde seguiré con mi rutina. Bienvenidos a la función; aporten con su acto.

12 no aportaron:

Fran dijo...

A veces, cuando me encuentro calentándole la comida a mi retoño, mientras meto ropa a la lavadora, veo Los Simpsons en mi tele en blanco y negro de 5 pulgadas, hago hielo, limpio el mesón, pongo a hervir verduritas, contesto el teléfono, intento comerme algo para no morir en el intento, y mentalmente organizo el menú para el día siguiente (todo al mismo tiempo), me siento un poco como artista de circo pobre. Como que me falta el tramoya. Pero al terminar el día, el momento de los aplausos y agradecimientos del público me hace pensar que no está tan mal.... Ahora, el tema de sacar las cosas (y personas) del auto es un verdadero arte. Sobre todo porque con tanta custión, uno corre el riesgo de llegar a la casa y meter a la guagua al regri, las botellas de bebida a la lavadora y acostar tiernamente en la cuna al montón de ropa cochina que trae.

Un no aporte para el post anterior: ¿¿¿ha visto usté la nueva publicidad de El Mercurio, esa que promociona la tarjeta del club en conjunto con una American Express (antes la American Express era solo para los potentados de este país, cómo cambian los tiempos) y que aparece un caballlo alado o Pegaso, iluminado por la maravilla extraordinaria de tener la capacidad de sobreendeudarse más aun??? ¿Ha leído usté a frase publicitaria? "Disfruta todo lo que es único". ¡¡¡¡TODO LO QUE ES!!!!

montt (el que no dibuja ni palitos) dijo...

Estimado SQNA y distinguidos contertulios,

Hállome en la incapacidad de determinar con claridad si el siguiente comentario pertenece más bien al circo o a la prensa, o al deprimente espectáculo circense de la prensa.

Debido a mi pasado bomberil y al atractivo que tiene para algunos de mis familiares los fenómenos paranormales (tarot, astrología, i ching, etc.) he seguido con atención los casos de pirokinesis en Cumpeo.

Pues bien, haciendo eco de su profesión y de sus habilidades circenses, creo que el malabarismo y contorcionismo del cual usted se jacta es también un hito pedagógico en la formación periodística. Cito textual:

11 de octubre,
"El fenómeno de la "pirokinesis" actualmente está siendo aceptado por la ciencia dentro del orden natural..."

11 de noviembre,
"...se había difundido el mito de una "pirokinesis", hecho que nunca ha sido comprobado ni admitido científicamente."

Ambas citas provienen del mismo y prestigioso medio. SQNA, será la luna, la entrante conjunción de venus en la constelación de sagitario lo que explica el malabarismo informático?

montt (el que no dibuja ni palitos) dijo...

Chanfle, olvidé abrir la interrogación.

Ya en terreno circense, no olvidemos a los sinfines de momentos y personas que rememoran las más tiernas picaduras de pulgas (no estoy pensando en el circo de pulgas, sino en la audiencia más fiel de todo espectáculo circense).

Tampoco olvidemos al contorsionista, personaje que hace todo lo posible (¡y lo logra!) por estar ahí, en todos los momentos, en todos los lugares. Marcando presencia, llevándose los laureles.

El circo de pobre es una institución muy digna y de la cual debiésemos sentirnos muy orgullosos. Por eso mismo le felicito, aunque con menos esfuerzo uno logra que la vida de cualquiera se parezca a algo menos digno pero también circense: un eterno Sábado Gigante.

Que tenga usted un buen día.

Mi vida en 20 kg. dijo...

Cuando lo leí me dio por la reflexión y definitivamente UD. tiene mucha razón, todos vivimos en un circo, pobre, rico, como sea, pero circo al fin.
Por estas tierras yo me he convertido en muchos de esos actores y he debido ser experta en algunas de las artes circenses.
En este minuto soy experta en el acto del escapismo, tengo una rapidez innata para huir de las situaciones que me molestan.
No se en que categoría podría poner la habilidad para cruzar las calles de esta ciudad sin semáforos ni discos pares, donde los conductores son todos “Corales”.
Viva su circo!!!!

nacha taré. dijo...

qué verguenza andar pelando la ortografía ajena y escribir mal el apellido del amante de la bolocco.
pésimo.
aunque discrepes conmigo, sigo encontrando que las mujeres escribimos mejor. en blogs, eso sí, me faltó aclarar.
mis escritores favoritos siguen siendo hombres.

montt (el que no dibuja ni palitos) dijo...

Estimado, permítame una nueva acotación:

Agradezca que el suyo es uno de pobre y que por lo tanto no tiene los recursos para que dispongan de su humanidad como El Hombre Bola de Cañón (podríamos añadir que la red de seguridad es financiada y tejida con el Pago de Chile).

Espero que las penurias de su circo nunca lo lleven a montar un número de Imitación, poniendo en el filo no solo su dignidad sino también su pluma... o peor aún, convertirse en un Domador de Guanacos (aunque en su labor docente quizás ya lo hace a diario en el mes de marzo).

Fran dijo...

¡¡¡Domador de Guanaco!!!
Notable, Sr Montt (el que no dibuja ni palitos).
Déjeme decirle que su inspiración ha ido in crescendo. Si se animara con un bitacora (es "un", másculino, eso lo aprendí el fin de semana) cibernética, yo lo leería....

Oiga, Sr. Que No Aporta, recuerdo con nostalgia aquellos días en los que usté respondía a los comentarios. Y sigo esperando su comentario en mi blog sobre los alargamientos... de hecho estoy empezando a sospechar que hará usté la prueba antes de escribir.
Mis respetos.

El que no aporta dijo...

Fran, esto de ser circense es terrible, no le digo...
Lo del auto se agrava en mi caso, ya que cargo permanentemente con implementos deportivos para fútbol, tenis y racquetball. Siempre "por si acaso" sale un encuentro. El problema es que a veces hay que bajar las raquetas, la ropa sucia y otros implementos junto con la guagua y los suyos.

Vi la publicidad y me pareció, por decir lo menos, curiosa.
"Todo lo que es único" me suena a "Todo lo que es exclusivo", como a fino. Y algo como "todo lo que es fino" me suena a contradicción.
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Montt (el que no dibuja ni palitos), está usted en presencia de un claro acto circense, déjeme explicarle: se trata del Circo de Timoteo, y un claro acto de transformismo. De otra manera no se explica.
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Montt (el que no dibuja ni palitos), perdone usted, pero no comprendo la relación entre el contorsionista y alguien que está en todos los lugares.

Yo estoy orgulloso de que mi vida sea circo pobre, pero no lo estaría de que fuera como Sábado Gigante. Salvo, claro, la parte aquella justo después del desaforado "¡¡¡que venga la modelooo!!!", a la que, creo, me podría acostumbrar.
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Mi vida en 20 kg., me imagino el circo que será por allá. Nada, sólo aproveche de perfeccionarse, porque he de decirle que por estos lados, a ratos el arte del escapismo puede ser muy útil.
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Nacha taré, vergonzozo, toda la razón. Y sigo discrepando, aunque en paz. Acá no encontrará a nadie que la trate de fascista o algo por el estilo, ni gritos de "por qué no te callas". Nada, aquí hay espacio para la discrepancia. No discrepará de eso, ¿no?
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Montt (el que no dibuja ni palitos), me ha dejado usted perplejo. He de decirle seriamente que temo por su salud mental. ¿Cómo llega a tal nivel de ocurrencias?
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Fran, omparto con usted. Se apreiaría un espacio en el que el señor con apellido de presidente, de ciudad, de calle, de ilustrador y de otras cosas compartiera sus ocurrencias.

Ya voy a su blog a comentar. No se haga ilusiones de algo muy elaborado, eso sí, ya que jamás probaré uno de esos adminículos.

José Miguel dijo...

Propongo formar un sindicato en la sede de la CUT, de todas las personas que efectivamente son Sr. Corales y en su pega tienen que hacer todo. En mi trabajo, tiro el córner, lo cabeceo, atajo la pelota, la pongo en juego y arbitro. Y somo smuchos en la misma. ¿será que eso nos hace más valiosos profesionalmente? La remuneración no lo indica

montt (el que no dibuja ni palitos) dijo...

Parece que la sinapsis se me está escapando de las manos y no logro gatillar sentido en mis contrapartes.

Respecto del contorsionista: tal número supone que el protagonista, en virtud de sus habilidades, logra disponer de sus extremidades para posicionarse en lugares (en una caja pequeña) y formas (¿pulgar del pie en el oido?) que una persona común no lo haría, causando el asombro y sorpresa del vulgo. Pues bien, en la cotidianeidad, podemos encontrar personas que logran, con habilidad abismal, poicionarse en el lugar y momento correcto para llevarse los aplausos, utilizando formas y figuras que logran causando la envidia y odio del vulgo (una especie de oportunista).

Respecto de sus temores de salud, no se preocupe, prefiero la ocurrencia, los disparates y la diletancia tontística que el litio o ritalín.

Y, nota aparte, la ocurrencia del guanaco es el resultado de que en su más tierna infancia asistí a un circo (en un balneario de alcurnia) en el cual mi primo fue víctima del guanaco...

montt (el que no dibuja ni palitos) dijo...

Lamento las falas gramaticales en mi respuesta anterior, pero se me acababa la batería y no quería perder lo hecho.

Ya que estamos en esto, por vergüenza no lo declaré antes, pero según mis congéneres asiduos a la astrología y demás metáforas comentan que el nivel de ocurrencias es el resultado de la conjunción de saturno en tauro, combinado con que mi regente es capricornio... O sea, en pocos días se va a acabar.

Otro dato, si quiere sugerencias de insoportabilidades, me avisa no más, que desde hace un tiempo hasta hoy me he encontrado con especímenes bastante especiales.

¡Buenas noches!

Nefert-Ivi® dijo...

Mi compañero de trabajo, era "El Corales". Lo malo era que era mi subordinado... Además de no dar palo al agua, era ofensiva su prepotencia con sus inferiores... Ahora trabajo en otro lugar y "El Corales" es el contable... un egipcio sibilino que te sonríe a la vez que te da la puñalada trapera con la lengua, que la tiene larga, venenosa y afilada...
Y también había dos payasos en mi anterior empresa... Yo valoro el trabajo de los profesionales, pero quemaría en la hoguera a los imitadores...
Y yo misma practico el deporte de usar el baños de chicas en un local público, peor de noche, peor en Egipto...
Y me considero un "pulpo" cuando me cargo hasta la bandera de bolsas, al volver del hiper, para evitar hacer un segundo viaje, que, irremediablemente acabo haciendo, porque siempre olvido lo esencial: las llaves.

Me apunto al movimiento fan de su blog. Me gusta su estilo :-)