Año nuevo, nada nuevo

28.12.07 16 Comments

A estas alturas del año, todo el mundo entra en una catarsis de recuentos. Ni siquiera voy a hablar de los canales de televisión, donde en estos días campean los programas del tipo “Lo mejor del año”, “Lo bueno, lo malo y lo feo del año que termina”, y otros por el estilo. Tampoco de los diarios y revistas, que publican especiales del tipo “Anuario 2007” o “El año en imágenes”, mostrando una innegable originalidad.

Todo eso me parece aceptable. Lógico, si se quiere. Al fin y al cabo, se trata de medios de comunicación, que se dedicaron todo el año a informar lo que pasaba, por lo que es entendible que cerrando el año quieran hacer un recuento.

Lo que de verdad no soporto es el recuento personal, el que hace el vecino, el ciudadano de a pie, el que te dice “y en este año que termina, ¿qué fue lo mejor y lo peor que te pasó?”. Dan ganas de contestar algo como “lo mejor, no sé. Pero lo peor, seguro que la pregunta que me acabas de hacer”. Pero como siempre hay algo peor, existen esos recuentos grupales, mientras se toma cola de mono y se reparten regalos de amigo secreto. Eso sí es insufrible.

Como aquí una estimada concurrente a este espacio me ganó haciendo un balance de lo que no se hizo, y no estoy dispuesto a hacer uno de lo que hice, no me quedó alternativa: tengo que entrar a ese otro detestable grupo de personas que se proponen metas para el próximo año. Del tipo “sonreiré más”, “miraré más puestas de sol” o “le diré a más gente que la quiero”. Todas esas cosas que está muy bien hacer, pero que no son para andarlas publicando, por la entrañable cursilería que conllevan.

Así, pues, viene mi lista de las cosas que me propongo hacer durante este 2008 que se viene encima a pasos agigantados.

Aprovecharé mis vacaciones. Tengo bastantes, he de reconocerlo. Pero generalmente se me pasan sin siquiera notarlo. El próximo año las disfrutaré, como siempre, pero haré cosas que el resto del año no tengo tiempo de hacer.

Comeré más. Aunque el cinturón se resista, y los botones de mis pantalones rueguen piedad, no les daré tregua. Me gusta comer, y lo haré más que hasta ahora.

Me parapetaré. Este año sí que lo logro. Ya veré cómo, dónde y por qué razón, pero este año tengo el firme propósito de parapetarme. Y luego contarlo, claro, porque lo interesante, además de parapetarse, es poder conjugar el verbo mientras se cuenta la peripecia. Algo como “entonces me parapeté, porque [...] y mientras estaba parapetado [...] y llegaron los demás, y les grité ‘parapétense conmigo’[...]”.

Trabajaré menos. Sí, como lo leen. Sé que es difícil, pero estoy seguro de que con esfuerzo puedo lograrlo. Pondré mi granito de arena –o lo sacaré, como prefieran mirarlo –para que entre todos sumamos al país, al mundo tal vez, en una cada vez más profunda inoperancia e improductividad.

Comeré algo que nunca haya comido. Además de comer más, comeré cosas nuevas. Se me ocurren algunas. ¿Me creerían si les digo que nunca he probado el mote con huesillos? Por separado sí, pero el clásico mote con huesillos helado, en vaso plástico, nunca. Ahí hay tarea.
Comeré algo con nombre complicado. No sé si el paralelepípedo de queso de cabra marinado al aceite extra virgen de oliva con tomillo, tomate confit, prosciutto de jabalí, con salsa de olivo y hoja del campo o el lomo de cordero a las tres pimientas, ensalada del campo refrescada en una tormenta de menta o algo por el estilo. Pero algo con nombre sofisticado voy a comer, seguro.

Tomaré más Coca Cola. Aunque haga mal para todo, es algo que no puedo evitar. Además ya dejé el cigarro, así que la Coca Cola permanece, fiel junto a mí. La tomaré, sin excepción, helada. Tomarla natural es un sacrilegio.

Dejaré la cerveza. En el refrigerador, eso sí. Así, cuando llegue a tomarla, estará helada. Y la tomaré michelada.

Aguantaré menos la estupidez. No es que nunca la haya aguantado mucho, pero durante 2008 haré esfuerzos concientes por aislarme de las personas estúpidas que me topo en la vida. No busco rodearme de aspirantes al Nobel ni mucho menos –tampoco se trata de ser uno el idiota –pero sí seré intransigente en un nivel mínimo de sentido común. Y que nadie me venga con el cliché de “el menos común de los sentidos”.

Seguiré con mi blog. Cómo no. Aquí estaremos, dando la batalla por un mundo menos productivo, más dado al dato inútil, a la divagación ídem, al comentario que hace más amena la siempre dura jornada laboral.


He notado que muchos de mis propósitos tienen que ver con la comida y/o bebida. Probablemente el próximo año, a estas alturas, estaré participando del casting para entrar a "Cuestión de peso 2, la revancha de los mórbidos", o algún otro reality por el estilo que se le ocurra a los creativos nacionales o, más probable, sea copiado de los creativos internacionales. Mientras, disfrutaré.

Y ustedes, ¿qué (des)propósitos se hacen para el próximo año?

Teletón 2007. Lo que quedó

18.12.07 44 Comments

Ya pasado un tiempo prudente desde la última Teletón, me permito repasar algunos puntos –los pocos que pude ver, la verdad –de este evento solidario-televisivo.

Desde que tengo uso de razón (es por decirlo de alguna forma, no es que de verdad lo tenga) la Teletón ha estado ahí, como el acontecimiento solidario por excelencia en nuestro país. No hay terremoto –de los normales, ésos de movimiento de tierra, ni de los “blancos”, cuando caen un par de copos de nieve –ni inundación ni aluvión ni tragedia de Antuco ni barcaza del Maihue que logre asimilarse a la Teletón. Simplemente es la solidaridad misma.

Y, reconozcámoslo, no hay nada que guste más al chileno que cacarear la solidaridad nacional. Para cada desastre, ahí está la solidaridad. En cada Teletón, lo mismo. Supera incluso a esa otra frase hecha del “amigo cuando es forastero”. Ambas bastante lejanas a la realidad diaria, por cierto, pero ese es otro tema.

A lo que iba, antes de desviarme por los insondables caminos sinápticos: la Teletón 2007. Aquí va un breve recuento, en base a lo poco que vi.

Nobleza obliga. Perdí la cuenta de las veces que escuché las expresiones “noble cruzada”, “noble causa” y “magna obra”. Parece que cada personaje que sube a hacer su aporte –o el de la empresa para la que trabaja, en la mayoría de los casos –fuera obligado, bajo amenaza de muerte, a usar alguna de estas fórmulas. Así, sube don Juan Pérez (perdónenme los Juanes Pérez de este país, que ya deben estar aburridos de ser tomados como ejemplo) y dice “don Francisco, Plásticos Pérez no podía estar ausente en esta noble cruzada...”. Un par de veces da risa, pero al final se hace de verdad insoportable.

La obsesión del micrófono. Los mismos donantes del punto anterior. ¿Por qué nadie les explica que el micrófono lo tiene el mismísimo cabeza de micrófono, o el animador que esté de turno, y que no se los va a pasar? Apenas suben al escenario, se cuelgan del micrófono que se les acerca, como si tenerlo asido fuese condición necesaria para su funcionamiento. Y los animadores –sobre todo los menos experimentados –que no saben cómo hacer para no soltarlo, en un constante y literal tira y afloja.

Discurso aprendido. Perdonen, pero este también se refiere a los mismos voceros que suben a hacer la donación. Los que suben, agarran el micrófono y se largan: “plásticos González (competencia de Plásticos Pérez) no quiso estar ausente en esta magna cruzada. Es por eso que la empresa, en conjunto con los trabajadores...”. Interrumpe el animador: “el tiempo apremia, de cuánto es el aporte”. Sigue el donante: “con los trabajadores, y haciendo un esfuerzo conjunto...”. Y así por siempre. Es imposible sacar al donante del discurso aprendido, hacerlo improvisar, resumir. Si pasó horas frente al espejo, no es cosa de llegar y pedirle que se largue así no más. La Teletón debería, así como al volver de comerciales muestra a escolares diciendo el nombre de su colegio y lo recaudado, mostrar las horas de ensayo frente al espejo de quienes van a donar. De hecho, deberían hacer una colección de DVD completa, con los highlights de esas prácticas. Sería un éxito.

Los cercanos. Hay donantes que, por aparentar una mayor cercanía o amistad con Don Francisco, lo tratan de "Mario". Así, luego de que el señor Pérez, pujante microempresario del plástico, lo tratara de Don Francisco al hacer su donación, sube al escenario el señor Kovacs, gran empresario de las telecomunicaciones, y le larga, básicamente, el mismo discurso tipo, pero comenzando con Mario. Así, su alocución es más o menos esta: "Mario, empresas Kovacs no podía restarse a esta gran cruzada...". El resto ya lo saben. Y claro, Mario es el nombre real de don Cabeza de Micrófono, pero para el común de los mortales, es igual que referirse a Buddy Richard como Ricardo Toro. Impresentable.

La cebolla. Aunque la Teletón se trata básicamente de 27 horas picando cebolla, este año me pareció menos lacrimógeno que otros. Aun así, don Francisco no puede evitar hacer preguntas que inducen a los entrevistados al llanto cuando están en el estudio, luego de las notas con sus historias. Simplemente lo supera, y tiene que preguntar cosas como “¿es muy difícil tener un hijo que no puede moverse del cuello hacia abajo?”. Terrible. Aunque, repito, este año la dosis de cebolla me pareció menor. O picada menos fina, a menos. Digamos que se picó pluma, y no en cuadritos.

Erwin Valdebenito. Un monstruo, donde lo pongan. Corrió de San Bernardo a Santiago, volvió a San Bernardo, de ahí a Maipú y no sé dónde más, para lograr una donación adicional de Johnson´s y de las autopistas por donde corrió. Llegó corriendo al Nacional, con la bandera chilena, corrió por la pista atlética, subió al escenario y habló, mucho más de corrido que varios de los gerentes que se subieron a lo largo de la noble cruzada, recién bajados de sus autos. Simplemente un grande.

La decadencia. Buddy Richard cantando “Tu cariño se me va” me dio más pena –mucha más pena –que todas las historias de minusválidos que vi. Básicamente, las historias presentadas mostraban superación, alegría de vivir pese a las dificultades, avances, fuerza y corazón. Buddy, nuestro querido Buddy, simplemente demostró que ya no está para estos trotes. No le queda voz, y sobre su corazón... sinceramente temí que fallara. Debe haber sido el momento más tenso de toda la emisión, con el Nacional completo expectante ante el inminente infarto o caída del escenario. Déjenlo tranquilo, ya se merece el descanso. El descanso eterno.

La falta de emoción final. Ya acostumbrados a jornadas que se extendían un par de horas para alcanzar la meta, a lagrimeos abundantes, a ojeras kilométricas, a desesperados “levántate papito”, este fin de la cruzada solidaria defraudó. El cómputo que revelaba que se había alcanzado la meta fue el penúltimo, y leído sin atisbo de emoción por don Francisco. ¿Más de 20 horas para ese cierre? No hay derecho.

Desde la comodidad de su hogar. La tecnología lo invade todo. Ya no es necesario hace cola en el banco, levantarse de madrugada, pasar frío para ir a donar. Nada. Ahora las donaciones van por otro lado: cargo a la cuenta corriente, cargo a la tarjeta de crédito, cargo a la cuenta telefónica. Lo importante es cargar. Y el que quiera puede donar desde la comodidad de su casa. Así ya no hay excusa para abstenerse, claro. Y tampoco hay excusa para que los odiosos mañaneros insistan con el “levántate papito”, si el papito puede donar desde su cama, tomando el teléfono o con su notebook con wi fi.

Los excéntricos. Si bien José Luis Nazar, empresario que ha hecho fortuna con sus cursos de inglés rápido en Estados Unidos, donó 250 millones de pesos, las flores se las lleva Leonardo Farkas: tenida simplemente notable, con corbata y pañuelo en el bolsillo a tono; con su cabellera tan peculiar, mezcla de pelo de choclo, virutilla y vello púbico; y acompañado de Tina, su legítima esposa, que portaba un bolso rojo donde fácilmente habría cabido don Francisco, donó 235 millones, enfatizando en reiteradas oportunidades que era a modo personal. Porque él no estaba ahí para hacer publicidad a ninguna empresa, claro. Notable. Para rematar, después subieron representantes de un par de grandes empresas que ni se les acercaron en las cifras a estos personajes.

¿Algún otro? Seguro. Yo contabilicé los anteriores en, aproximadamente, una hora u hora y media que alcancé a ver de la Teletón. Seguro alguien más motivado con esta gran cruzada vio más, y puede contar algún otro momento notable.

La entrada 69

13.12.07 23 Comments

Nada de 666 y sus satánicas implicancias. Nada de top 10, que no hacen sino medir cosas que a nadie importan, en especial a estas alturas del año en que todo el mundo hace recuentos. No más “númerounonúmerounonúmerouno”, esa repugnante expresión en voz de Jorge Aedo. No va más con el par de patos, cantado con voz de lector de Bingo. El número que realmente le interesa al chileno, y probablemente a personas de otras muchas nacionalidades y –por qué no decirlo –a los cada día más numerosos autodefinidos “ciudadanos del mundo”, es el 69.

Es el 69, y no otro número, el que genera, no bien es nombrado, chiflidos, aplausos, vítores, “éjales” y “oigas”. Es este dichoso número el que inspira chistes, bromas y comentarios. Aquí un recuento de las implicancias de este número, de cuentos asociados, de chistes, en fin, una breve biografía del 69. Los chiflidos al final, por favor, que si lo hacen cada vez que aparezca nombrado, van a quedar con la mandíbula deshecha. Aquí vamos. Ojo los delicados, que este post (¿post 69 = 70?) viene explícito. El tema obliga, disculpen ustedes.

El chiste clásico. ¿Cuál es la velocidad máxima para tener sexo? 68 km/h, porque a los 69 te das vuelta. Chiste fome y falto de gracia y originalidad como pocos, no deja sin embargo de tener éxito, probablemente por el tema que trata, y es habitualmente celebrado con profusión de risas, especialmente entre los adolescentes que recién se adentran (nunca mejor utilizado el término) en el mundo del sexo.

Las reacciones. Es inevitable que la sola mención del famoso numerito provoque chiflidos, risas, comentarios. En el caso de los más recatados, miradas cómplices con algún otro presente. Es como decir “caca” en un curso de kinder. Y pasa cuando en el supermercado llaman a alguien a la caja 69 (esto de los hipermercados es terrible, la cantidad de cajas es enorme) o cuando en un Bingo sale el dichoso número. Según mi experiencia –desmiéntanme si pueden –las reacciones son transversales a edades (con un margen inferior, claro), sexo y grupo socioeconómico. Que en la completada-bingo de la población chiflen, zapateen o se suban arriba de las mesas y en el empingorotado Bingo del “Club de ex alumnos de Colegio con nombre inglés pagado en UF” se escuchen risillas, se vean sonrisas cómplices o una patadita con zapatos Nine West bajo la mesa, vale. Pero todos reaccionan.

El otro chiste. ¿Cuál es la posición 68? Me das sexo oral y te debo una. Un poco –sólo un poco –más creativo que el anterior, y por lo mismo levemente más exitoso. Incorpora, además del evidente componente sexual, la cacareada viveza del chileno que se aprovecha, para tener un momento de oralidad gratuita, del “te debo una” que, como bien sabemos, nunca se pagará.

No entendió el concepto. Recuerdo –con cierta difusión –un asado en el que, no recuerdo por qué derivada, se llegó al tema de las posiciones sexuales. Obviamente, en dicha conversación apareció el 69. Una ingenua participante de la tertulia preguntó qué era eso. Explicada la situación con toda la delicadeza que la misma permite, la ingenua se despachó el siguiente comentario: Ahhh, ¿y entonces por qué no 96? Luego de un par de segundos de silencio en que todos nos miramos tratando de entender en qué estaba pensando, fue el turno de las risas, y de explicarle que para el común de las personas no resulta para nada atractiva ni estimulante una posición en la que se está espalda con espalda.

Un tercer chiste. Una mujer invita a un galán recién conocido a su casa. En los preliminares, ella lo invita a hacer el 69. “¿Qué es eso?”, dice é. Viendo su inexperiencia, ella le explica: “Tú pones tu cabeza entre mis piernas, yo entre las tuyas”. Curioso, acepta. A ella, recién adoptada la posición, se le escapa un nauseabundo gas. Él, por no arruinar el momento, hace como si nada. Pero con el segundo escape, comienza a vestirse para retirarse. “¿Qué pasó?”, pregunta ella. “¿Y crees que me voy a aguantar los otros 67?”.
Aunque carente de gracia, al menos muestra un poco más de creatividad, reflejada en una estructura narrativa más desarrollada que los anteriores, y la concurrencia de dos personajes principales que interactúan sugiere un trabajo exhaustivo en el guión.

Gastronomía en el litoral. Cuenta la leyenda que unos apasionados enamorados pasaron juntos la noche en un motel. Luego de los actos de rigor para un local de esa clase 8tema largo para otra entrada), se ducharon y fueron a un almuerzo familiar. De la familia de uno de ellos, se entiende. Al llegar al evento y saludar a la dueña de casa –a saber, madre de uno y suegra de otro de los integrantes de la pareja –la distinguida señora los recibió con un “comieron mariscos”, en tono de haberlos descubierto aprovechando picadas donde se come caldillo de congrio, paila marina y choritos al vapor.

Palmasutra. Programa para aparatos Palm, trae las más originales posiciones del afamado Kamasutra, con imágenes, explicación y posibilidad para el usuario de agregar notas a cada una (para no repetirse, o un “¡esta sí!”). Transcribo la descripción de la posición 69, clasificada entre las posiciones “Preliminares”.
“Esta es una de las posiciones con mayor satisfacción mutua para la pareja, en la práctica del placer oral. La mujer descansa sobre el hombre, colocando (sic) su vulva a la altura de la boca de su compañero. El hombre besa, lame y chupa (sic) la zona del clítoris, empleando las técnicas del Cunnilingus. La mujer puede tomar el pene en sus manos y en su boca y acariciar los testículos, ella utiliza en sus caricias los principios de la Felación.” Creo que sobran mayores explicaciones.

La mala suerte. El destino –o la Municipalidad o la Compañía de teléfonos local, si se quiere –puede jugarle una mala pasada y, digamos, asignarle la dirección de la calle X número 69. O un teléfono que termine con dicha combinación numérica. En ese caso, no le quedará más opción que acostumbrarse a las bromas, chiflidos y demás comentarios vistos más arriba. Recuerdo un compañero de curso en mi época escolar, que vivía en una calle corta cercana al colegio, cuyo nombre recuerdo pero mantendré en reserva, en la casa signada con el número 699. Lo que es doble mala suerte, porque si se suma el 9 final al 69 del comienzo, se conforma un curioso ménage à trois, que daría para chiflido con zapateo.

Ahora, estimado lector, viene su generoso no aporte con sus experiencias, chistes, cuentos y más. Y también, al fin, su chiflido, aplausos y gritos varios.

En la mesa

22.11.07 79 Comments

Aunque ya he tratado temas gastronómicos anteriormente –en las entradas Frases a la carta, Vocablos gastronómicos y De mantel largo, además de, tangencialmente, en muchas otras –hay aspectos de la gastronomía que no he tratado. Las manías en la mesa, por ejemplo.

Porque aunque hay situaciones y/o lugares mucho más adecuados para desarrollar manías –recuérdese la discusión sobre las Mañas en el baño –la mesa no está exenta de extrañas costumbres. Y, ya que por la cantidad de alusiones a mis propios escritos esto ya parece una lección de autorreferencia, entraré de una vez por todas en materia. He dejado expresamente fuera las malas costumbres, que serán tema de un próximo escrito. Con ustedes, entonces, manías –para que se entienda en todo el orbe –en la mesa.

No pasar la sal en la mano. Una superstición más extendida de lo que creía, según he podido comprobar departiendo con diferentes comensales. Se supone que tendría un origen histórico: antes el salario se pagaba con sal –de ahí el nombre –y, al pasarla en la mano, en caso de caída generaría una discusión sobre quién asumía la pérdida. Sea como sea, nunca lo he creído. Menos ahora, con la famosa Biosal, supuestamente más sana, pero que viene a sumarse al café descafeinado, leche sin lactosa, leche condensada Light y demás productos desnaturalizados.

Dar vueltas a la comida. No soporto a esa gente que, mientras come, está constantemente dando vueltas a la comida en el plato. Conversa y conversa, opina de todo, pero cuando uno ya terminó de ingerir todos sus alimentos, el odioso/a sigue paseando la comida por el plato, empujándola con el tenedor.

Faenar el plato antes de empezar. Seguro han conocido a alguien que lo hace. Gente que literalmente destruye el plato antes de comenzar a comer. Parte, pica, muele, mezcla, condimenta, todo un ritual antes del primer bocado. Que viene, por supuesto, cuando uno ha terminado de comer, o casi.

Cortar dando vuelta el plato. Nunca he comprendido esta falta de motricidad. Son comensales que, al parecer, sólo manejan una dirección en el arte de cortar con un cuchillo. Entonces, hacen un corte en la comida. De izquierda a derecha, digamos. Y luego quieren cortar en otro sentido. ¿Qué hacen? Rotan el plato de manera que la comida quede en una disposición tal que puedan seguir cortando de izquierda a derecha. A veces me asusta un poco esa falta de capacidad manual. Digo, en algún momento de emergencia no me gustaría depender de sus manos.

Separar lo inseparable. La gente que, por ejemplo, no come arvejas, y para su mala suerte se ve frente a un plato de pollo alverjado. Al velador, si se quiere, para ponerle un poco más de condimento al tema. Y se da a la dura tarea de separar cada una de las arvejas, dejándolas a un lado del plato, con la consiguiente pérdida de tiempo propio y de quien lo acompaña. Lo que en el caso del pollo al velador no es un asunto baladí, por cierto. Además, la tarea requiere mucha concentración, y he visto a personajes transpirar en el proceso. Ni el doctor Artaza las vio tan verdes con José Patricio y Marcelo Antonio como alguien separando las arvejas de su plato.

La combinación de sabores. Hay mucha gente que no soporta combinar ciertos sabores. Lo agridulce, por ejemplo, no le agrada a muchas personas. Eso de comer paté o queso con mermelada, por ejemplo, no es de gusto general. Está bien, tampoco se trata de llegar a la empanada de pino con manjar –que por cierto no está mal –pero un pato a la naranja... Difícil resistirse.

La combinación de colores. Mucho más extraña que la de los sabores, claro. Pero conozco un caso en que la persona no soporta tener en el mismo plato dos colores que no combinen. O sea, betarraga con zanahoria, ninguna posibilidad. Por separado sí, pero jamás juntas. La verdad, no entiendo esta manía, pero agradezco que no haya alimentos con lunares o a rayas, porque sería una variante que complicaría demasiado la situación.

Ahora es cuando ustedes comparten en este espacio sus propias –y ajenas –manías en la mesa. Recuerden no caer en las malas costumbres, del tipo ruidos, codos en la mesa, hablar con la boca llena y demás cosas por el estilo. Dejemos eso a Carreño y su Manual, y a una próxima oportunidad en este mismo espacio.

Por último he de pedirles, estimados lectores, una licencia. Desde aquí lanzo un sonoro chiflido virtual en esta, la entrada número 69 de este blog. Saludos a todos.

Educación sexual, ¡ya!

15.11.07 44 Comments

Este país está desatado sexualmente. La Naty, Carmelo, la subteniente con fotos sexuales en su computador. Suma y sigue. Todo es sexo. Desatado, desenfrenado, pero también documentado, fotografiado y grabado. ¿Qué pasa? Creo que faltó educación sexual. No tengo otra explicación.

¿Alguien se acuerda de las JOCAS? Les hago un breve recuento, por si no las recuerdan, y para los que nunca las conocieron.

Las JOCAS eran las Jornadas de Conversación sobre Afectividad y Sexualidad, impulsadas por el Ministerio de Educación chileno, y consistían básicamente en juntar a escolares a hablar de sexo, en horas de clases. No es un mal panorama para un escolar, me parece.

Se implementaron a partir de 1996, con gran polémica. Demasiado explícitas, dijeron algunos. Antivalóricas, otros. Eso de mostrar condones y pastillas dentro de la sala de clases era novedoso, sin duda. Duraron hasta el año 2000, cuando pasaron al olvido. Sólo quedaron imágenes para el recuerdo, como profesores enseñando a poner condones con enhiestos miembros de goma –habría que investigar dónde fueron a parar esos implementos luego del término de las JOCAS, ¿no creen? –y poco más. Pero algo quedaba claro: de sexo ya se hablaba abiertamente.

De políticas de educación sexual nunca más se supo. Y eso queda de manifiesto hoy, con escolares –y adultos, y militares, y perros y gatos, y sobre todo conejos –dándole duro al tema. Literal y metafóricamente hablando.

Es por eso que, desde esta humilde tribuna, quisiera hacer mi contribución al tema, proponiendo un nuevo programa para instruir a los escolares al respecto. Lo he denominado Jornadas de Demostración y Experimentación sobre Manualidad y Oralidad Sexual, JODEMOS. A continuación, el programa de esta innovadora propuesta, en un esquema, al igual que las JOCAS, de 3 días.

Día 1:
Vocabulario 1.
Primero que todo, aprender a decir las cosas por su nombre. En esta asignatura los jóvenes se instruirán acerca de las alternativas lingüísticas –en el sentido del vocabulario, se entiende –que tienen sobre el tema. Se acabará la hegemonía de los términos –perdonen ustedes –pico, concha, tirar y culiar. Otros sinónimos igualmente vulgares –que no viene al caso citar aquí –serán reflotados desde el olvido y desuso en que han caído, y vocablos como falo, pene, vulva, coito, cópula, cunilingus y felación reemplazarán las vulgaridades actuales.

Vocabulario 2. Ya aprendidos los vocablos básicos, debemos seguir ampliando el vocabulario de nuestros jóvenes. No todo es “Wena”, vocablo por lo demás agotado en sus versiones “Wena Naty” y “Wena Carmelo”. Luego de participar del programa, los jóvenes podrán, en situaciones que así lo ameriten, utilizar un amplio espectro de frases para animar a quienes se estén desempeñando sexualmente.

Composición. Si van a tomar fotografías o videos de carácter sexual, que lo hagan bien. Encuadre, color, uso de picado y contrapicado, texturas, dirección y calidad de la luz, cómo jugar con el ritmo –de los elementos de la composición, se entiende –son parte de esta asignatura, que permitirá, de una vez y para siempre, dejar atrás las fotos y videos subexpuestos o excesivamente quemados, o con la(s) cabeza(s) cortada(s).

Curso práctico 1. Manualidades. Solos(as), en pareja y en grupo, para adecuarse a los tiempos que corren.

Día 2:
Guiones.
Aprovechando el impulso de la industria del cine nacional, esta asignatura intentará dejar atrás la estructura argumental básica de los actuales videos sexuales que se suben a la red y se envían por correo electrónico o teléfonos celulares. No más videos puramente sexuales. La idea es estimular la creatividad de nuestros jóvenes, por lo que se les instruirá acerca de nuevas posibilidades argumentales en sus promisorias –y promiscuas –carreras cinematográficas.

Genética actualizada. No va más con las arvejitas de Mendel. Está bien, el monje será el padre de la genética y todo eso, pero ya a nadie le interesa si la vaina será lisa o rugosa, o si la arveja será verde o amarilla. Actualizándose, y poniéndose a tono con los tiempos, el programa incluye esta asignatura actualizada al máximo, con casos concretos y prácticos, a saber: qué nace de la cruza de dos pokemones, de un pokemón con una pelolais, de un gótico con una pokemona, de un gótico con una pelolais y otros casos de la vida real. De esta manera, los jóvenes podrán elegir a conciencia a su pareja, sabiendo lo que a futuro podría pasar con sus descendientes.

Juguetería. Visita guiada a diferentes sex shops, para interiorizarse –figurativamente –en las últimas novedades del mercado juguetero. Esposas, látigos, disfraces, artefactos de goma, vibradores y muñecas inflables podrán ser sentidos en directo por los jóvenes.

Curso práctico 2. La importancia de la oralidad. En este módulo, los chicos y chicas aprenderán que sus bocas sirven para algo más que hablar pelotudeces.

Día 3:
Curso práctico 3.
Tarea para la casa, el motel o la plaza. Trabajo en parejas o grupal, durante todo el día. En la tarde, entrega final de material gráfico o audiovisual, que demuestre lo aprendido en estas intensas jornadas.

Jornada Final. Conversación franca sobre lo aprendido, exhibición de los trabajos finales, convivencia con galletas y bebidas, gran orgía final.

La vida es circo

11.11.07 12 Comments

“La vida es sueño”, dice Pedro Calderón de la Barca. “La vida es circo”, digo yo. Al menos la mía. Porque haciendo un recuento, todos los días me cruzo con algún espécimen circense. Al menos uno, claro, porque por desgracia, en general son varios en cada jornada.

Este mismo recuento, en todo caso, me hizo ver que no sólo me cruzo con artistas del espectáculo circense, sino que muchas veces me transformo en uno. No es que de improviso me ponga una nariz roja y comience a contar chistes o –ni pensarlo –me vista con una ajustada malla y haga piruetas por el aire. Por supuesto que no (sobre todo lo de la malla).

El circo nuestro de cada día es más sutil que el de las Águilas Humanas. Pasa más desapercibido que el de Los Tachuela. Es menos rimbombante que el de Timoteo, por cierto. Pero no por eso es menos circo, que quede claro.

Aquí, un recuento de los ejemplares circenses que me cruzo en el día a día. Dejo fuera, por obvios, a todos esos personajes de semáforo que simplemente detesto: malabaristas, tragafuegos, contorsionistas y sobre todo, los asquerosos mimos, esa especie que debiera exterminarse cuanto antes. Asimismo, excluyo de mi recuento a los payasos que acaban de pasar por Santiago en la llamada Cumbre Iberoamericana, y que no hicieron sino contar chistes de integración y darse manotazos sonoros pero que no duelen, siguiendo la escuela clásica del tony. La aclaración ya está hecha. Ahora, estimado público, bienvenidos al circo.

El señor Corales. De seguro en otros países –e incluso en otros lugares de este país –se le conoce con otros nombres. Pero básicamente es la figura del dueño del circo, el propietario del show, quien dirige la función y manda quién actúa, cuándo y cómo. El que mueve los hilos, el que corta el queque. El que cada vez que puede, en la casa, la oficina, la calle, el banco o donde sea, nos recuerda con saña que es él quien manda, él quien decide cuándo salimos a la pista, y qué hacemos. Es el jefe sin criterio, el uniformado ídem pero con una dosis de poder, el jefe de sucursal del banco que nos tramita más de lo necesario sólo para demostrar que puede, porque él manda. Odiosos todos los Corales.

El payaso. Es ese terrible compañero de oficina que pasa el día haciéndose el gracioso. Ya lo vivimos en el colegio, con el chistoso del curso, y en la universidad lo mismo. Lo tenemos en la oficina, y si nos cambiamos de trabajo, con seguridad en nuestra próxima ocupación habrá uno. Lo único que les falta es la nariz roja. Y uno que sólo quisiera tener los zapatos de payaso, grandes y pesados, para sacarlos a patadas cada vez que se asoman. Lo peor es que, tal como los payasos profesionales, no logran hacen reír.

El malabarista. Vive haciendo maravillas para no dejar caer las cosas. Siempre fui un observador, viendo cómo, por ejemplo, alguien podía llevar una bandeja cargada de vasos, platos, ceniceros, hielera y un sinfín de accesorios apilados inverosímilmente, sin dejarlos caer. O cómo, en un solo viaje, alguien podía bajar del auto una infinidad de cosas. Desde que soy padre me he convertido en un malabarista más. Bajar del auto con la guagua en su silla, el bolso con los pañales y ropa de recambio, algunos juguetes, chales y demás accesorios, amén del coche y, por supuesto, los efectos personales propios de los padres, puede convertirse en una hazaña. Y yo lo he logrado. Reverencia al público. Aplausos.

El equilibrista. También me he visto en la necesidad de ejercer este oficio. Aquí profundizaré un poco más, puesto que he perfeccionado diferentes números:
En puntillas. Este show se desarrolla en baños ajenos, por lo general públicos, salpicados por doquier de fluidos y desechos a los cuales se debe hacer el quite, caminando de puntillas y con curiosos pasos por el recinto. Sin apoyarse con las manos en superficie alguna, por supuesto, ya que están todas igualmente salpicadas. Un arte derivado de la más absoluta necesidad higiénica.
El flamenco. Citado en los comentarios de las “Mañas en el baño”, consiste en la capacidad de orinar con un pie en el piso y otro sujetando la puerta, en baños donde la cerradura está mala y, claro, el tamaño del recinto permita la maniobra. Créanme que no es fácil.
El secado. Una maravilla de acto. Para entenderlo, debe usted situarse en un restaurante. Está usted comiendo algo con salsa, digamos tallarines, cuando intempestivamente una porción de salsa cae –dónde si no –en su zona pélvica. Luego de maldecir por no haberse puesto la servilleta, corre hasta el baño y lava con abundante agua, y acaso jabón, la zona. La salsa ha desaparecido, pero ahora toda la zona está mojada, dando una pésima impresión. Luego de utilizar todas las toallas de papel disponibles, la única salvación posible es el secador de manos. ¿El problema? Está empotrado en la pared a una altura, obvio, para secarse las manos. Ahora es cuando el acto comienza, con contorsiones inenarrables para que el aire caliente dé en la zona afectada. Lo peor es que el secador siempre está al lado de la puerta, por lo que cualquiera que entre al baño desestabilizará al equilibrista de un portazo. Equilibrismo de alto riesgo. Y sin red.

El animal. No es que uno se cruce a diario con leones o elefantes, con camellos o tigres de bengala. Pero ¿quién no fue alguna vez a un circo de pueblo? Recuerdo la visita a uno que tenía como segunda gran atracción –la primera era un león con pulgas, tiña, una melena a medio caer y algunos dientes que sobrevivían a duras penas –a una jauría de quiltros con distemper que jugaban con un globo, y que eran presentados como “los fabulosos perros futbolistas”. Bueno, perros futbolistas veo todos los días, en cada esquina de esta ciudad de perros en la que vivo. Quiltros sin nombre ni dueño, que corretean a sus anchas por las calles. Intencionadamente dejo fuera a todos los demás animales que me cruzo a diario, choferes de Transantiago incluidos, para no alargar innecesariamente la lista.

Por último, un resumen: mi vida es, en sí misma y al margen de los personajes antes descritos, un circo. Uno pobre, de ésos en los que la misma persona promociona el show con un megáfono en el techo del auto durante la tarde, vende las entradas al comienzo de la función, el maní confitado cuando el espectáculo ya comienza y que luego desaparece, sólo para resurgir forrado en una malla y haciendo acrobacias en el aire, o con una nariz roja dándose cachetadas con otros payasos

Mi vida –y supongo que la de muchos –es la de un artista de circo. De circo pobre, claro. Multiplicándose, trabajando en varias cosas a la vez, haciendo malabarismos. Soy un artista circense, pero de circo sin glamour. No aspiro a trabajar en el Cirque du Soleil. Ni siquiera en Las Águilas Humanas. Lo mío es el circo de pueblo, el circo humilde y anónimo. Yo armo la carpa, vendo las entradas, hago las piruetas, cuento los chistes, apago las luces, desarmo la carpa y sigo al próximo pueblo, donde seguiré con mi rutina. Bienvenidos a la función; aporten con su acto.

Más frases periodísticas

6.11.07 11 Comments

Todo se remonta a los inicios de este humilde blog, allá por febrero de este año. En ese entonces explicité claramente mis intenciones con este espacio: no aportar. Y en esa línea, dentro de las primeras entradas publicadas estuvo la de las frases periodísticas. Claro, así como lo solidario, lo despiadado también debe empezar por casa.

Luego vinieron frases políticas, amorosas, para funerales, de uniformados, farandulescas y otras, a las cuales no les pongo links porque no soporto a la gente en extremo interactiva y que tiene necesidad de linkear todo. El que no ha leído alguno de los temas, se va al archivo del blog y los lee, si quiere. Si no quiere, bueno, no pasa nada.

En fin. Decía que las frases periodísticas fueron de las primeras citadas en este humilde cuchitril virtual. Pero el noble gremio de los apóstoles de la información siempre nos dará más material. Siempre, estoy seguro. Es por eso que aquí, casi un año después, viene la segunda parte de las frases periodísticas.

Me permito recoger algunas aportadas por los entonces aún más escasos, pero igual de fieles que hoy, lectores. Además, claro, de nuevas ocurrencias del gremio. O sea, es una especie de refrito. Como ese arroz supuestamente chino al que se le echan los restos del asado. Como el Strogonoff, que con ese rimbombante nombre no es sino una mezcla disimulada –por lo general pésimamente –de sobras de carne. Entonces, aquí vamos con el refrito periodístico.

Por qué no decirlo. Terrible frase. Si no lo va a decir, no lo dice. Si lo quiere decir, bueno, va y lo hace. Pero eso de advertir previamente que se va a decir algo fuerte, chocante, una afirmación potente, para terminar diciendo cualquier estupidez. Espantoso.

Llama poderosamente la atención. ¿Por qué la alusión al poder? ¿Resabios del pasado? ¿Complejos? Me cuesta entender que algo no pueda, simplemente, llamar la atención. Así a secas, sin poderes de ninguna especie.

Convengamos que. ¿Por qué esta muletilla insoportable? Por lo demás, siempre va seguida, vaya a saber uno por qué, de la frase más obvia, evidente y que genere mayor consenso en la historia reciente. O sea, no hay que convenir con nadie, porque todos están de acuerdo. Son ilaciones, por poner algo relativamente actual, del tipo “convengamos que no es bueno que los carabineros asesinen de un balazo a los niños que molestan a sus hijos”.

Así las cosas. Terrible frase hecha, que no dice nada. Absolutamente nada. Pero, vaya a saber uno la razón, los periodistas la utilizan con fruición. Detestables, tanto la frase como quienes la ocupan.

No es menos cierto. ¿Menos cierto que qué? ¿Les habrán enseñado a los ilustres comunicadores que palabras como “más” o “menos” se ocupan en comparaciones? Esta debe ser de las frases que más me indignan, por lo espantoso e ilógico de su construcción.

Meteórico ascenso. Lo que se llama una paradoja. Hasta donde yo sé –corríjame un astrónomo si me equivoco –los meteoritos bajan, no suben. Entonces, ¿cómo es eso de “meteórico ascenso”? Incomprensible. ¿No será que en vez de meteoritos, la frase se refiere al meteorismo? Vaya a saber uno.

Hoy por hoy. Qué asco. ¿No basta con decir “hoy”? Lo peor es que no falta el ingeniero con humor de tal, o el puro y simple gracioso que responderá “hoy al cuadrado”. El sólo hecho de dar pie a un chiste de esa naturaleza hace que la frase sea detestable.

Una verdadera tragedia. Ya. ¿Y cuáles son las falsas tragedias, oiga?

Lo que es. Peor todavía, “todo lo que es”. Se han visto enlaces en directo en los que periodistas –con estudios universitarios completos, por cierto –cuentan que están “en todo lo que es la marcha…” ¡¡¿¿En todo lo que es??!! Ufff. Luego de eso, pasan a revisar todo lo que son las imágenes de los disturbios. No hay salud.

El muerto fallecido. Sí, es real. No precisamente de uso común, pero se ha visto. Despacho en directo, micrófono en mano y la periodista del canal del angelito se despacha la frase. De culto. Menos mal no llegó al extremo del “malogrado muerto fallecido”. Hubiera sido mucho.

De proporciones. Indica, básicamente, que el periodista no sabe de qué está hablando. ¿De qué proporciones, por Dios? El equivalente a “vengo llegando, está todo en llamas, pero ni idea de muertos, daños ni nada, no sé” es simplemente “el incendio de proporciones”. Cabe recordar que, como se explicara en la primera parte, el incendio, para ser realmente impresionante, debe ser dantesco. He oído, incluso, la expresión “dantescas proporciones”. Una joya.

Ahora es cuando ustedes, amables y apreciados lectores, se acuerdan de todas esas frases que faltan aquí y entre todos descueramos al terrible gremio periodístico. Por lo demás, no creo que vaya a ser muy difícil.

Espérenme

6.11.07 5 Comments

Estimados/as, les ruego esperar por un pronto post. He estado fuera de circulación los últimos días.

Mientras, una conclusión: la encuesta no hizo más que confirmar lo esperado. A saber:

La gran mayoría de quienes responden la encuesta dice responder las encuestas.
Un par declara no saber, lo que me parece una ignorancia supina.
Algunos bipolares y/o mentirosos responden que no responden.
Cerca de 600 mil visitantes vieron la encuesta y, fieles a sus convicciones, no respondieron, lo que hace que, de lejos, sea la opción preferida.

Ya, viene luego un nuevo post. Mientras, nueva lección de Insoportables.

Resultados finales

25.10.07 8 Comments

Ya, se acabó la encuesta. Aquí el sesudo análisis final.

De los hombres:

El 66% prefiere que sus parejas hagan otras cosas, que a ellos no les interesan, mientras ven el fútbol. Sabia actitud, que busca optimizar el uso del tiempo, a la vez que hacer el quite a actividades aburridas.

Al 27% le gusta que su pareja hinche por el equipo, acompañándolos en su afición. Loable actitud, aunque con el riesgo ya descrito de discutir debido a las interrupciones constantes en la concentración necesaria para estos menesteres.

Apareció, increíble y aparentemente, un masoquista -equivalente a un 5% del total- que prefiere que su pareja lo hinche a él. A mí me suena a fémina infiltrada, qué quieren que les diga. No puedo creer que haya un hombre en su sano juicio que vote por esta opción.

De las mujeres:

El 42% prefiere hacer cosas que a su pareja no le interesan. Sabiduría pura y simple.

A otro 42% le gusta hinchar por el equipo, acompañando a su pareja. Bien por ellas, siempre que no interrumpan, ya está dicho, el ambiente necesario para estos efectos.

Un sádico 4% -en el que, ya lo confesó, se incluye mi amada cónyuge- se decanta por hinchar a su pareja mientras él, muchas veces infructuosamente, intenta disfrutar del espectáculo deportivo. Mi compasión para con mis compañeros de destino, y mi repudio a esta actitud 8no a quienes la practican, claro, no vaya a ser cosa...).

Como dato general, participaron muchas más mujeres que hombres. ¿Serán más las féminas que los machos recios visitando este lugar? ¿Será que las damas son más interactivas que los varones? Son todas hipótesis válidas, que espero dilucidar en parte en la siguiente (anti) encuesta. Vaya mi reconocimiento a la Fran, por proponer esta encuesta.

Resultados parciales

23.10.07 9 Comments

Tal como se hace en la Teletón (que este año tenemos nuevamente, ufff) y en las elecciones (que no tenemos a corto plazo, por suerte), aquí van los resultados parciales de la encuesta en curso, con un sesudo análisis. Recuerden que todavía queda tiempo para votar.

El hombre

El 61,5% de los hombres desea que su pareja haga cosas que a él no le interesan mientras, tranquilamente, él ve el fútbol. Actitud puramente testosterónica, domina claramente las preferencias.

El 38,5% restante prefiere ver el fútbol en compañía de sus parejas. Una actitud que intenta incorporar a la pareja a ese mundo a veces incomprendido, que trata de hacer de la transmisión deportiva un espacio común. Suerte compañeros, a los que les quede esperanza. Yo perdí la batalla.

Como era de esperarse, un expresivo 0% de los hombres ha declarado desear que su pareja lo hinche mientras ve el fútbol.

Los resultados, hasta este momento, me parecen dentro de lo esperable.

La mujer

El 38% de ellas prefiere hacer otras cosas mientras sus parejas ven fútbol. A mi entender, una sabia decisión.

Casi un 43% se manifiesta propensa a hinchar por el equipo, acompañando a su pareja. Loable actitud, que sin embargo entraña un profundo e inminente riesgo de conflicto en caso de insistir reiteradamente en pedir explicaciones de, digamos, qué significa estar fuera de juego, o de que su pareja sea de los que considera que el fútbol es un espacio puramente masculino.

Un no despreciable 19% se muestra partidaria de hinchar a su pareja mientras ve el fútbol. Me inclino a pensar que son algunas de las que votaron "haciendo como que". O sea, que contestaron lo que harían si tuvieran pareja.

Si no me equivoco y efectivamente quienes votaron por esta opción son de las que "hacen como que", he de recomendarles encarecidamente un cambio de actitud, porque de otra manera sus posibilidades de seguir "haciendo como que" se incrementan notablemente.

Si me equivoco y son de las que efectivamente practican esta repulsiva actitud, no me queda más que compadecer a mis congéneres y apoyarlos moralmente en su sufrimiento.

Ya vendrán los resultados finales. Si no ha votado, ¡hagalo ya! Y apoye a la ciencia.

Hoy me levanté interactivo

19.10.07 12 Comments

Y para eso no bastan -aunque siempre se agradecen y se responden- los comentarios del respetable.

Hoy comienza una nueva era para este humilde espacio. Hoy se estrenan encuestas. Las instrucciones (léase con tono de vendedor ambulante):

A su mano derecha, estimado visitante, encontrará usted 2 encuestas, una para cada género, esto es, una para el correcto varón y otra para la distinguida dama. Usted deberá elegir una de las tres respuestas posibles de la encuesta que le corresponda, para de esta manera aportar en el estudio en curso. Su valiosa cooperación será muy agradecida. Comentarios respecto del tema en cuestión, sírvase dejarlos en este post, ya que la encuesta no lo permite.

Mis más cordiales e interactivos saludos

Hinchando (por Chile y las pelotas)

18.10.07 12 Comments

En esta onda futbolera que se respira durante el último tiempo, especialmente después de la contratación de nuevo y reputado técnico para la selección nacional, me sumé a la corriente y me dio por seguir a la selección nacional, asquerosamente llamada también “La Roja de todos”.

Por lo mismo, viajé a Argentina el fin de semana largo recién pasado. Bueno, no sólo a ver el partido, pero es una buena excusa, ¿no? Y fui ayer al estadio, a ver el partido contra Perú. ¿El saldo total? Para la selección, ya se sabe: un partido ganado, uno perdido, 2 goles a favor y 2 en contra. 5º puesto en la tabla general. Para mí –gran viaje aparte, y algunos kilos de más –la constatación de varias conductas propias del hincha (aunque no sólo de él), algunas ya tocadas anteriormente en este espacio, otras más novedosas: por cierto, ninguna que aporte. Como siempre.

Las comparaciones. Al chileno –y en esta denominación caben periodistas “especializados”, sin especializar e hinchas –le gusta comparar. ¿La comparación más recurrente? Con Bielsa es otra cosa que con Acosta. Nada de andar ratoneando, ahora se juega al ataque, no como antes. Aunque no deja de ser cierto, hay algo que me molesta: seguir escuchando eso de “el calvo estratega” o, peor, “estratego”. Ahora que al fin nos libramos de él, sigue penándonos. No hay paciencia. Otra comparación recurrente es la de "nosotros y ellos". O sea, nosotros no tenemos un Riquelme, un Messi, etc. Como que hiciera falta decirlo.

La obsesión con las cámaras. Ahora me explico por qué tanto desconocido –y sobre todo desconocida –que entra al mundillo de la televisión se encandila y es capaz de hacer cualquier cosa con tal de aparecer unos segundos en pantalla. Simplemente hacen lo que la gran mayoría. Basta que aparezca una cámara para que el hincha sufra una especie de metamorfosis que lo hace enajenarse y mandar saludos, hacer orejitas al periodista que despacha, gritar consignas, hacer pronósticos o pura y simplemente mandar una chuchada al rival. Lo importante es aparecer, y jactarse. En el avión de vuelta desde Argentina venía un personaje que se vino buena parte del viaje contando cómo había aparecido en televisión, como que hubiera sido por mérito propio.

El enloquecimiento con los famosos. O famosillos, a decir verdad. La necesidad de sacarse una foto, pedir un autógrafo, conversar, en fin, hinchar las pelotas a cualquiera que tenga algún grado de exposición pública, es simplemente impresionante. En el estadio me tocó ver de cerca cómo María Laura Donoso, ex miss Reef chilena –que como adivinarán tiene sus méritos –era acosada por un personaje que partió saludándola, luego pidiéndole una foto –que hubo de repetirse varias veces gracias a un oportuno flash que no funcionaba –para terminar sentado al lado de ella conversando en el siguiente tono: “Cuéntame Laura, ¿qué estás haciendo ahora en televisión? Es que llevo varios años acá, y no te he visto últimamente”. Mejor amigo, claro. La cara de ella, ni les cuento. Situaciones similares vi con Álvaro Salas, Dino Gordillo, Marcelo Ríos... Los costos de ser famoso.

El conocimiento técnico. Los análisis técnicos sofisticados campean entre los hinchas. Cualquiera pensaría que está en un congreso mundial de técnicos, cada uno con una teoría más rebuscada que el otro. Que si Villanueva, que por qué no Jiménez y Fernández juntos, que si Suazo por el medio o la punta son preguntas para principiantes. Lo que la lleva son los análisis sobre esquemas tácticos, jugadores polifuncionales y muchos, de verdad muchos términos que seguro acuñó algún periodista deportivo con tiempo libre de más.

El nerviosismo en el avión. Tema latamente tratado aquí, acá y por este lado, las actitudes durante el vuelo siguen vigentes, con una decepcionante excepción: los viajeros ya no aplauden. Ya se sabe, el respetable está cada vez más exigente, no es cosa de regalarle aplausos a cualquiera.

El insulto. Es una necesidad absoluta. Da lo mismo con quién se esté jugando, siempre habrá a qué echar mano en el afán por denostar al contrario. En Buenos Aires fue el clásico cántico relativo a las Malvinas, y en el Nacional se les entonó a los peruanos una cancioncilla que, además de hacer alusión a sus madres, terminaba “acá en Chile, les damos de comer”. Eso en cuanto a cánticos, porque los gritos destemplados contra peruanos, argentinos y todos los rivales que vendrán de aquí en adelante son la tónica. A esto se suman los insultos a uniformados y, cómo no, árbitros.

Eso de manera general, claro, porque hay una cantidad infinita de situaciones particulares imposible de describir aquí. Como confesión, debo decir que practico varias de las actitudes descritas precedentemente. Es que la masa me absorbe, sin que pueda resistirme. Lo de las cámaras, eso sí, no me gusta. De hecho, tuve la mala suerte de hacer el trayecto desde el hotel al estadio en Buenos Aires a bordo de un bus en el que iba una periodista y un camarógrafo de Fox Sports, lo que determinó que mirara todo el trayecto por la ventana, y no precisamente para ver el paisaje. Y, peor aún, dentro del bus iban representantes de los más clásicos especimenes que viajan a estos eventos: hiperventilados, conservados en alcohol, el payaso del curso, el del doble sentido permanente, el gritón, el técnico frustrado, incluso el ex futbolista. Y más de uno de cada clase. En fin, el infierno mismo. Todo sea por la Roja de todos. Por La Era Bielsa. Por no volver a oír del Calvo Estratega. Todo por el fútbol.

ACLARACIÓN

8.10.07 21 Comments

A los distinguidos (y no tanto) lectores de este blog.


Durante los últimos días fui reiteradamente criticado -algunas veces veladamente, otras de manera abierta- por la frase " me hizo emocionarme", utilizada en el post "No estaba muerto...". Cito a Roberto, quien quiera que sea: "...pero jamás encontré, o no percibí, algo de tan mal gusto como esto: "... Tamaña muestra de cultura me hizo emocionarME hasta las lágrimas.Y no fue lo único". leíste bien? sí, señor que no aporta, en el post anterior escribió: "ME HIZO EMOCIONARME", que feo. bajó el level.suerte y sigue escribiendo, pero bien." Un distinguido y asiduo visitante afirmó "Debo confesar (y esto no es un arranque de mamonería) que me percaté del emocionarME pero lo interpreté en un principio como una sutil expresión de su delicada aunque explícita ironía. ".


El punto es que la expresión seguía sin sonar tan mal a mis siempre delicados oídos, lo que me intrigaba sobremanera. Eso, sumado a mi orgullo lingüístico herido, me hizo consultar directamente a la RAE, desde donde recibí la siguiente respuesta:


En cuanto a las dos frases que usted plantea en su consulta, serían ambas admisibles en nuestro idioma, si bien tendrían un significado diferente:

Me hizo emocionarme (= hizo que yo me emocionara)
Me hizo emocionar (= hizo que yo emocionara... a alguien, etc.)

Reciba un cordial saludo.

Departamento de Español al día RAE


¿Entonces? Nada, que yo tenía razón, y quienes me criticaron no. Que volví a dejar la frase, que había cambiado, tal como estaba al principio. Y que Roberto y compañía pueden intentarlo en una próxima oportunidad, que de seguro la habrá. Sigan intentando, ya tendrán más suerte. He dicho. (Si vieran la sonrisa que tengo ahora... por eso la foto, para los que no entendieron)

De la comunicación virtual

4.10.07 31 Comments

Aquí vamos de nuevo, luego de un largo receso. No profundizaré en eso, puesto que esta explicado en (relativo) detalle en el (pseudo) post anterior. Que por cierto está absolutamente vigente, así es que lean y comenten.

Bueno, a lo que iba. Mi extenso horario laboral -8 AM a 6 PM- me obliga a pasar largas –a veces larguísimas –horas frente al computador. Por lo mismo, no sé qué sería de mi escasa vida social –si se le puede llamar así –sin el Messenger y el Chat de Gmail. Son, a estas alturas, mis modos predilectos para comunicarme con mis amigos, familiares y demás personas que pululan en mi vida.

El punto es que las relaciones son cada vez más mediadas y tecnologizadas. Hay menos espacio y tiempo para el contacto cara a cara, para la conversación en un café, para la cerveza compartida. Si a eso se le suma casi un año de no fumar, lo que obviamente influye en mis ganas de salir, el tema es crítico.

Y por si a alguien le extraña esta faceta cuasi sociológica que estoy mostrando ahora, esta dimensión proto profunda, no se preocupe. Es sólo un preámbulo para llegar donde quiero, donde me muevo con libertad, con comodidad, con conocimiento empírico: la idiotez y el dato inútil. Allá vamos.

¿Han visto algo más repulsivo que la gente que refleja sus estados de ánimo, situaciones amorosas, laborales y otras en su nombre –o nickname, diría algún odioso que intenta sonar internacional –en Messengers o chats de proveedores varios?

La verdad, los detesto. Pero en serio. Pueden, sin ir más lejos, lograr que bloquee al contacto en cuestión, o que me conecte en modo oculto. ¿Será para tanto? Veamos.

Algunos nombres que, lo juro, he visto en estos sistemas de comunicación virtual:

-Latinoamérica unida, es posible. Quiero desde ya dejar constancia de que ni Hugo Chávez ni Evo Morales están en mi lista de contactos. Tampoco tengo noticias de una reciente reencarnación de Bolívar. Se trata, simplemente, de una amiga –no te enojes, Lupe –que participa en un programa por el cual fue enviada a trabajar a Bolivia. Y por eso cree que todos debemos ser un pueblo. Patrañas.

-¿Qué es la alegría? Un estado alterado de conciencia. Frase hecha que busca aparecer como más profunda de lo que en realidad es. De paso, incita al interlocutor a preguntar por qué tanto pesimismo, para consecuentemente largar el drama completo. No hay paciencia.

-Un problema no es un problema si se puede resolver. OK, tengo conocidos filósofos, y qué. De profundidad insondable, la sabiduría que encierra esta frase me sobrepasa. Si alguien es capaz de dimensionarla, le agradeceré una explicación.

-Vendo mi vestido de novia. Bueno, en un apuro los sistemas de Messenger pueden ser una buena vitrina comercial. Pero pasar varios meses con el cartelito se vuelve ciertamente insoportable. Peor es, como en el caso en comento, cuando después de concretada la venta el nickname es completado con un ¡Vendido!, como para confirmar que el negocio funcionó. Similar a los letreros de corredoras de propiedades que, como tratando de probar su eficacia, cambian el “Se vende” por un “Vendió”. Patético.

-En vísperas!!! Falta de puntuación aparte –hay gente a la que es inútil explicar que, en español, los signos de exclamación e interrogación también se abren –este nombre es el clásico que busca llamar la atención de los contactos. Nunca –permítanme enfatizar, NUNCA –caiga en el error de preguntar “¿En vísperas de qué?”. Es justamente lo que el indeseable busca para largar su cuento. De hecho, seguro tiene escrito el discurso completo en su procesador de texto favorito –no hago publicidad gratis, conste –para cortar y pegar en las ventanas de conversación de los pobres incautos que se atrevieron a preguntar.

-Ser o no ser, ésa es la cuestión. Además de ser profundamente filosófico, este nickname revela un evidente conocimiento literario de quien lo usa. Como diciendo “cuidado, mira que de literatura yo sí que sé”. Si tiene tiempo, haga la prueba de preguntarle por Hamlet. Si le contesta de manera relativamente satisfactoria, siga con Claudio, Polonio, Laertes y Ofelia. Si aún mantiene la conversación, comente sobre Rosencrantz y Huildenstern. Seguro al literato le aparece algo urgente y tiene que irse volando. Si aún sigue ahí, es usted el que debe arrancar, pues su contraparte es un aburrido.

-Cómo explicarte qué es la vida, si nunca jugaste básquet. Otra vez valga la aclaración: no tengo amigos en la NBA. Ni siquiera en la DIMAYOR. Simplemente hay gente que, vaya a saber uno por qué, creen que quien no jugó una –perdonen los aficionados –basura de deporte, no conoce de la vida. En fin.

-Correréporladiscoconelpetodelátex. Así como se lee. Aunque confieso no haberlo visto personalmente –creo no conocer a nadie capaz de usar un nickname así –el dato me llegó de una persona de absoluta confianza, cuando comentábamos este tema. Sin duda una joya.

Punto aparte son quienes cambian diariamente sus nombres, utilizando preferentemente frases de filosofía barata del tipo “Todo pasa por algo”, “Mañana será otro día”, “Después de la tormenta viene la calma” y otras que puede ver aquí y acá.

Otra subespecie deleznable es la que reúne a quienes utilizan nombres en inglés, francés, alemán, italiano… Detestables, de verdad. De una siutiquería sin nombre. También los que se jactan de sus logros laborales, los que lloran sus penas de amor o manifiestan sus (no tan) secretos anhelos. Todos ellos son detestables, en mayor o menor grado. Es bueno que de una vez por todas lo sepan.

Creo que ya me extendí demasiado. Debe ser la catarsis de volver, de renacer cual ave fénix (¿qué tal la metáfora?), de reencontrarme con este espacio abandonado. Como siempre, el espacio está abierto para que compartamos, como la gran familia de inútiles y ociosos que somos, todos esos nicknames que odiamos. Si alguien quiere compartir algo, claro, porque estoy seguro de que, luego de este post, pasaré a la lista de bloqueados de varios de mis contactos. Peor para ellos.

No estaba muerto...

3.10.07 7 Comments

Primero, y antes que todo, debo hacer un mea culpa por el total y absoluto abandono en que he dejado este espacio durante el último tiempo. No se crea que estoy tan ocupado con mi nuevo rol de padre. Bueno, sí, bastante. Por lo demás, aprovecho lo que puedo para ejercerlo. Además tengo bastante trabajo en distintos frentes, por suerte. Pero no es eso lo que me ha hecho dejar de lado este blog. La verdad, lo que más ha influido es que retomé una antigua obsesión, lo que me llena el poco tiempo disponible para ítems del tipo "ocio". En fin, habrá que ir equilibrando.

He de confesar, eso sí, que lo tenía muy presente. Y a ustedes, fieles lectores, dijo el que se cree popular. He leído cada uno de los comentarios nuevos, incluso algunos que han caído en los primeros posts. En este tiempo de silencio, han llegado nuevos lectores. Bienvenidos todos. He recibido también comentarios extraños. ¿Recuerdan el post "Demonios"? 12 de marzo. Bueno, el tema es que en ese post recibí un comentario que, cómo no, procedo a citar de manera textual: "no mamen cabrones y cabronas se acusa con pruebas como las de Xuxa y pitufos pero no se anda diciendoi de toda pues no jodan o sino a los hombre les rompo el culo y a las mujeres la concha". Tamaña muestra de cultura me hizo emocionarme hasta las lágrimas. Y no fue lo único. Varios otros comentarios me han emocionado profundamente, sobre todo los que clamaban por un nuevo post, o decían que echaban de menos este espacio. Incluso agradezco uno que señala que “cada vez que voy al baño me acuerdo de usted” (sic). O sea, no es que agradezca el recuerdo en dicha circunstancia, pero en fin. Tiene algo especial eso de que se acuerden de uno, sea donde sea.

A modo de reparación, les comunico que he decidido plasmar en papel, y con espectacular apoyo gráfico, el post anterior. Y, si a nadie molesta, incluyendo algunos de los comentarios recibidos. La idea es extender el correcto uso de ese sagrado recinto que es el baño. Primicia absoluta para ustedes. Ya tendrán más noticias.

Como veo que me he alargado más de lo necesario en este sentido discurso, lo dejo solo, mientras escribo el post que, se suponía, estaba empezando. Parece que hoy ando un poco difuso en mis ideas, para variar. Pero, conciudadanos todos, tranquilos. Se viene el post del reencuentro. Esto es sólo un paliativo. Como para decir presente. Para traer calma a los atribulados corazones que clamaban por la inmensa sabiduría de este humilde servidor. Ya, suficiente. De hoy no pasa el próximo post. Cruz pal cielo.

Mañas en el baño

24.8.07 53 Comments

Todos somos mañosos, asumámoslo. En mayor o menor medida, cada uno tiene sus preferencias, sus obsesiones, sus rutinas. Sus mañas, al fin y al cabo. Las mismas que con los años se van acentuando y, claro, fijando. No es cosa de llegar y decirle a alguien que lleva varias décadas haciendo algo “a su manera” que cambie. No, porque la maña se afirma con el paso del tiempo. La frase cliché cae de cajón. “el hombre es un animal de costumbres”.

Personalmente me asumo mañoso en extremo. Desde que tengo recuerdo lo he sido, y ya está dicho, la condición se ha ido acentuando con los años. Que tampoco son tantos, que quede claro. Pero es que me gusta hacer las cosas a mi manera. Que las cosas luzcan como a mí me gusta. Que no me vengan a cambiar mi particular y sagrado statu quo.

En mi caso –y en el de muchos mañosos que conozco –hay un lugar que reúne la mayor cantidad de mañas: el baño. No sé por qué, pero es ese santuario del aseo humano, ese vertedero de desechos fisiológicos, el que concentra tal vez la mayor cantidad de manías.

La situación empeora cuando se decide compartir la vida –y el baño –con otra persona. Las mañas que se habían desarrollado tranquilamente se juntan con otras, y se produce el choque. El campo de batalla habitual: el baño, claro.

A continuación, algunas mañas propias y ajenas que se dan en este particular espacio. Si se siente identificado, no es casualidad: pese a que me reconozco mañoso, estoy seguro de que comparto mi condición con muchos. Adelante, comparta sus mañas y complete la lista.

Por cierto, una precisión: todas las mañas a continuación explicadas se refieren al baño de la casa, a ese espacio tan propio, tan personal y hogareño, y no a los baños públicos, que dan para cualquier cosa. Aclarado este punto, ahora sí.

La tapa del WC arriba. Obsesión preferentemente femenina, es pelea común en casi cualquier pareja heterosexual. Tema recurrente en asados, comidas y juntas varias, nunca he logrado que una mujer me explique por qué la posición “normal” u “obvia” de la tapa es abajo y no arriba. Si alguien conoce la razón, que me lo explique, por favor.

Las puertas abiertas de los botiquines. Esta es personal. Me molestan profundamente. En mi actual baño, con botiquín de puertas correderas, por antiestético. Eso de exponer los personales afeites e implementos de aseo –sea cual sea la zona a asear –me parece de una impudicia insoportable.
En el caso de mi anterior baño, se sumaba al aspecto estético el de seguridad personal: la puerta se abría hacia fuera, justo sobre el WC. Más de una vez mi más legítima esposa dejó la puerta abierta y al levantarme al necesario acto de micción matutina –medio dormido, por cierto –el cabezazo contra el canto de la puerta me hizo maldecir a viva voz. La solución fue el canje: cada vez que me encontraba la puerta abierta, dejaba la tapa del WC arriba. Pavlov tenía razón.

El jabón con pelos. Simplemente repugnante, incluso cuando son pelos propios. Si son ajenos, tanto peor. En este punto, cabe destacar que no todos los pelos son igualmente repulsivos. El grosor, nivel de rizado y, se adivina, lugar de origen, determinan un claro escalafón de asquerosidad, tema en el que no profundizaré.

Los pelos por todas partes. En el suelo, el lavatorio, la ducha o tina –tina de hidromasajes, para los más pudientes –o donde sea, los pelos olvidados son algo en extremo desagradable.

Las toallas en el suelo. Los ganchos, perchas, barras y demás implementos para colgar se inventaron por algo. El suelo es lugar para los –de ahí el nombre –pisos de baño. No para las toallas. Esos montones arrugados, con más de una toalla, me parecen francamente desagradables.

El tubo de pasta de dientes. Esta es una de mis peores mañas, lo sé. El tubo en cuestión debe estar inmaculadamente apretado, desde el fondo hacia la boca. Nunca –en serio nunca –por la mitad. Menos así a la rápida, dejándolo arrugado. El ideal eran esos aparatitos con una base y un tubito en el cual se insertaba el extremo inferior, y que al darlo vuelta se iba enroscando pulcramente.
Además, el tubo debe estar siempre tapado y su boca limpia. Esos tubos con restos de pasta seca en la boca me producen náuseas.

El lavatorio escupido. Simplemente atroz. Encontrarse con espuma de lavado de dientes ajeno esparcida por el lavatorio debe ser una de las sensaciones más desagradables al ingresar a un baño. La cosa empeora si el lavado se produjo hace mucho rato y la espuma está seca. Terrible.

El papel higiénico arrastrándose. Claro, con el tirón el rollo sigue dando vueltas y el papel se arrastra por todo el baño. ¿Es tan difícil sacar papel con cuidado o, en el peor de los casos, dar un par de vueltas en sentido inverso para devolverlo al estado que le corresponde?

Los olores. Sí, a veces es inevitable, en especial cuando se trata de baños sin ventanas. Incluso sin extractor de aire. Pero siempre, siempre existirá la opción de un desodorante ambiental que, aun con alguno de esos olores repugnantes como “Pachulí” o “Flores silvestres” o “Bosque lluvioso” o “Suavidad del algodón” será mejor que el olor a digestión completa.

Las salpicaduras, primera parte. Las tapas, bordes, suelo o cualquier superficie salpicada de orina me produce terribles sentimientos respecto de quien originó las salpicaduras. El tiempo también empeora las cosas en este caso, ya que las gotas –pozas, en el peor de los casos –con el pasar de las horas se convierten en una costra amarillenta capaz de perseguirme en mis peores pesadillas.

Las salpicaduras, segunda parte. El rayado de cancha, las pecas, la pelada de forros. Múltiples términos para una misma y desagradable situación: los restos de desechos orgánicos adheridos a los bordes interiores del WC.

Los flotadores. No me extenderé en explicaciones, ya que me parece que la denominación es demasiado explícita. Restos del naufragio, a la deriva en el mar del WC, encontrarse uno puede llegar a ser motivo de divorcio.

Términos enfermantes

3.8.07 37 Comments

Siempre he gozado de buena salud, por suerte. Las pocas veces que he debido estar en una clínica ha sido por cosas menores, y casi siempre de manera ambulatoria. Por lo mismo, nunca tuve la oportunidad de fijarme en detalle en los términos utilizados al interior de estos establecimientos, aunque siempre me han llamado la atención.

Sin embargo, mi suerte cambió: recientemente tuve la gloriosa experiencia de pasarme cuatro días en una clínica. Y, mejor aún, como acompañante, lo que me dio tiempo de fijarme en todo lo que pasaba y se decía sin distracción por dolores, molestias ni nada parecido. Por lo demás, como estaba completamente sano, pude deambular por pasillos, ascensores, cafeterías y salas de espera, multiplicando enormemente posibilidad de oír conversaciones ajenas.

Esta sublime estadía tuvo además como motivo el nacimiento de mi hija, por lo que adicionalmente tuve acceso a términos vedados para otros pacientes. En fin, hija aparte –una maravilla, por cierto –fue una provechosa experiencia. Conocí términos capaces de dejar a cualquiera internado: de verdad enfermantes. A continuación, y sin más preámbulo, algunos de los vocablos que tuve la dicha de escuchar.

El procedimiento. El término fundamental al interior de una clínica. Todo, pero de verdad todo, es un procedimiento: poner el termómetro, tomar la presión, revisar al recién nacido, cambiar una bolsa de suero. Incluso algo tan natural como mudar a la guagua. Lo mejor es que es un término –eso creen los funcionarios –que mantiene incólume la dignidad del paciente que está siendo sometido al dichoso procedimiento, porque no se revela la naturaleza del mismo. De ahí que la sola mención de la palabra haga aparecer en la cara de quien la pronuncia un halo de misterio.

Bonus track: en el caso de la clínica en cuestión, los ascensores inteligentes anunciaban cada piso. Así, se abrían las puertas en el primer piso y una voz de mujer pseudo sexy decía suavemente: “primer piso, hall central”. Al detenerse en el tercer piso, la voz anunciaba: “tercer piso, procedimientos”. O sea, tienen un piso exclusivo para eso. Un lujo. Confieso que, aunque iba al quinto, alguna vez apreté –con disimulo, como si fuera accidentalmente –el botón del tercero. Sólo para oír la palabra pronunciada por esa voz.

La vamos a destapar. Temible anuncio de la enfermera, auxiliar de enfermería o cualquiera sea el cargo de quien entra rauda a la habitación. No se trata de que la pieza esté calurosa y vayan a destaparlo a uno para que no transpire tanto. Ni de que la paciente esté escondida bajo las sábanas. Es simplemente un eufemismo para entrar con una serie de artículos de aseo personal a limpiar las zonas pudendas. Atroz. Lo que me lleva al próximo término.

Le vengo a hacer un aseíto. Otro eufemismo espantoso. Está bien, no pretendo que la enfermera entre diciendo –perdonen ustedes –“vengo a lavarle el culo”, o “le vengo a jabonar el poto”. Pero creo que hay formas menos repugnantes. “La vengo a lavar”, por ejemplo. Por lo demás, el diminutivo es aún más irritante.

Las deposiciones. Perdí la cuenta de cuántas veces escuché esta palabra. Le preguntaban a la parturienta si había logrado hacer deposiciones. Miraban la ficha de la recién nacida y comentaban que había hecho sus deposiciones regularmente. Al mudarla constataban el estado de las deposiciones en el pañal. Enfermante, de verdad. Casi me deposiciono de puro molesto.

La mamita. No pueden evitarlo. Para el 98% de las matronas, enfermeras, auxiliares de enfermería, de aseo –del lugar, no de la paciente –,de las nutricionistas, del personal todo de la clínica, la reciente madre no tiene nombre. Es pura y simplemente “la mamita”. “¿Cómo amaneció la mamita?” es la primera cosa que uno oye en el día. De ahí en adelante, será constante. Inútil es indicarles que la mamita tiene un nombre, que por lo demás consta en la ficha, en la puerta de la pieza, en todas partes. Ante un comentario del tipo “no me diga mamita, me llamo X”, sólo recibirá una mirada entre sarcástica y compasiva, unos segundos de silencio y un “bueno mamita”. Peor es cuando a uno lo tratan de “papito”. Dan ganas ahí mismo de ponerse a cantar, como Lorna, “papi, papi, papi chulo…”. No hay salud.

Temperatura límite. Nos recomendaron mantener la temperatura ambiente entre 18º y 20º Celsius, de manera que la guagua no tuviera frío, pero tampoco se acalorara. Prudente recomendación, por cierto. El punto es que uno de los días entró a la pieza una enfermera que, sin más instrumentos de por medio que los termómetros con que Dios la dotó, determinó que la pieza estaba más cercana a 18º que a 20º. Por lo mismo, procedió a tapar mejor a la guagua, explicando amablemente que estábamos “a temperatura límite”. Por más que lo intenté, no pude volver a oír el término. Una joya.

¿Está molestita? Una expresión deleznable para preguntar a la paciente si se siente cómoda. Peor aún cuando la pregunta completa es “¿Está molestita la mamita?”. ¿No sería más fácil preguntar algo como “¿está bien?”, o “¿está cómoda?”. En fin, después de escucharla varias veces, debo confesar que me empecé a sentir algo molestito.

Acoplarse. Es el término utilizado para definir cuando el recién nacido agarra el pezón para tomar leche. ¿Qué es eso de acoplarse? Parece como de estación espacial, de Star Wars, pero ¿acoplarse al pezón? En fin, supongo que consideran a la madre como la nave madre, y a la guagua como la cápsula que la orbita. Un par de veces que la guagua no se acopló correctamente tuve la esperanza de que por citófono la enfermera informara “Houston, tenemos un problema”. Pero nada.

Eyección láctea. Dejé para el final esta verdadera obra de arte de la expresión oral castellana. Constatando si la leche salía apropiadamente, una de las enfermeras –o matronas, la verdad la risa del minuto no me permitió fijarme –comentó que la eyección láctea estaba bien. ¡Eyección láctea! O sea que no se trata de si la leche sale del pezón, sino de si la sustancia láctea es eyectada apropiadamente del envase en cuestión, circunstancia que se puede constatar mediante la presión y estiramiento de la válvula dispuesta para estos efectos en el centro del ya mencionado envase. Un tecnicismo de valor incalculable.

Sin duda quedan infinidad de términos fuera de este recuento. Como siempre, la invitación está abierta: aporte con el suyo.

Una actualización momentánea

2.8.07 6 Comments

Presento públicas disculpas por la falta de actualización, pero las incipientes labores de padre me han impedido seguir con las disquisiciones habituales. Además, la baba de padre primerizo arruinó mi teclado.

En todo caso, vaya junto con mi disculpa, una breve actualización del post “Debajo de las piedras” (del 8 de junio, y que trata sobre la presencia chilena en el mundo) mientras posteo algo decente.

Canadá: el Mundial Sub 20 de fútbol no hizo sino demostrar la importante presencia chilena en Canadá. La “Tía Rojita”, que lloraba al oír el himno patrio en el estadio, y a la que se buscó intensamente por varios días antes de dar con ella, es sólo una de las caras más reconocibles de esa verdadera horda de connacionales que apoyaron a la selección. Mención aparte para Condorito, fiel seguidor de la “Rojaza”, como chauvinistamente la bautizó Carcuro, y que se fue detenido por su arranque patriotero, más digno de la serie “Héroes” que de un Mundial de fútbol. ¿Que no vio la detención? Aquí está.

Islas Canarias: lamentable, pero no podía ser de otra forma. ¿De qué nacionalidad iba a ser la joven desaparecida –luego encontrada muerta –sino chilena? Este caso ha sido más relevante, porque captó la atención de los medios españoles –no sólo los chilenos –y principalmente porque se trata de un caso que nos atañe sólo a nosotros. Nada de “el chileno entre las víctimas”. No señores, aquí hay exclusividad. LA víctima es chilena.

La exclusiva: por último, un descubrimiento personal, que me hincha de orgullo. El Pavo Real, ese corrido venezolano que hiciera conocido fuera de Venezuela el grupo “Los Churumbeles de España” con el título de El Moreno, y que se convirtiera derechamente en hit con la versión de José Luis Rodríguez, El Puma, es un himno en mi vida. Siempre lo ha sido. No sé qué tiene la canción, pero no lo puedo evitar. Me subyuga, como diría alguien por ahí.
El corrido en cuestión fue compuesto por el venezolano César del Avila, “El Manguero”, quien además lo interpretaba habitualmente en su país. Según sus propias palabras, el sentido de la canción, lo de “yo les voy a aconsejar, que combinen los colores que en la raza es natural”, eso de “que un negro con una negra es como noche sin luna, y un blanco con una blanca es como leche y espuma”, se debe a su personal historia. Su madre era hija de una india con un español de las Islas Canarias, y él es más bien mestizo. El punto es que –atención chilenos todos –él vino a Chile y se casó con una chilena, blanca. Todo esto motivó la canción. O sea, Chile tiene directa injerencia en la génesis de esta obra maestra de la música universal. Las lágrimas corren en este momento por mi rostro, tengo la cara desencajada por la emoción. El Pavo Real es, en parte, chileno. Si no lo puede creer –a mí todavía me cuesta hacerlo –véalo con sus propios ojos, de boca de su autor.

Eso a modo de paliativo, ya viene un post hecho y derecho. Aunque como paliativo, el descubrimiento no está nada mal, ¿no? Se me olvidaba: hay una nueva lección en el Manual del Insoportable.

Llame ahora, ¡llame ya!

17.7.07 40 Comments

¿Se han fijado en la cantidad de canales que transmiten infomerciales? Ya no sólo a altas horas de la madrugada. Ya no sólo en el cable. Incluso algunos de los pocos canales de televisión abierta de los que disponemos –y varios más del cable –, se ven invadidos a cualquier hora por la promoción de artículos que nadie necesita. Porque si hay algo común a todos los productos publicitados en los infomerciales, es su inutilidad.

Personalmente, este tipo de programas me genera una especie de hipnosis. En mis habituales sesiones de zapping y surfing por el dial televisivo, suelo quedarme pegado en los infomerciales. Aunque ya los haya visto antes. Aunque amenacen con los más terribles cortes, caídas y todo tipo de accidentes que, por supuesto, evita el producto promocionado.

Es algo enfermizo, lo sé. Pero no puedo evitarlo. Hay quienes no soportan estos programas, y cambian de canal –y de genio, muchas veces –al toparse con uno. Bueno, blanco y negro, cara y sello, ying y yang: yo soy el imbécil que ayuda a equilibrar el universo.

A continuación algunos de los maravillosos –e inútiles, ya está dicho –productos que se pueden admirar, incluso contemplar, a través de la televisión. Son mis favoritos, simplemente. Es imposible exponer aquí la variedad casi infinita de inutilidades disponibles. Si usted tiene su propio favorito, no dude en compartirlo. Llame ahora, ¡llame ya!

Table Mate: es la mesa plegable, fácil de transportar, resistente y deslizable, se ajusta para cualquier actividad que desee mientras está viendo la televisión o está en el sofá. Liviana y fuerte, está hecha con materiales resistentes que soportan hasta 25 kilos. O sea, una mesa para tomar desayuno, comer, escribir o lo que sea mientras se está sentado en un sofá. La gracia de esta mesa es que tiene 3 alturas regulables, y 3 niveles de inclinación. Cualquier matemático medianamente serio sabrá, entonces, que están en lo correcto cuando dicen que son 9 mesas en 1, y por lo tanto, al pagar los $24.990 que cuesta la gracia se está ahorrando las otras 8 mesas. Y eso sin contar el organizador de controles remotos que incluye de regalo, una simple funda con compartimentos para el brazo del sofá.

Stick up bulb: uno de mis favoritos. Una ampolleta sin cables, que no requiere de instalación eléctrica, que se instala “en 5 segundos”. Funciona con baterías. O sea, en simple, una linterna con forma de ampolleta. Original, ¿no? Para nostálgicos que encuentran que las modernas luces LED y las eficientes halógenas no son como las viejas ampolletas. Por módicos $14.990, de vuelta al pasado, pero sin cables.

Swivel sweeper: es la nueva “escoba inalámbrica” (¿ha visto usted alguna vez una escoba alámbrica?) que permite limpiar la suciedad de pisos y alfombras más fácil y rápidamente. El secreto es su tecnología de 4 cepillos rotatorios y su movimiento de 360 grados, que permite maniobrar fácilmente alrededor de los objetos. Si a eso suma el asa telescópica, y que funciona a baterías –es una especie de quiltro entre escoba y aspiradora –se explica fácilmente su valor de $39.990. Si le parece poco, déjeme contarle que también limpia en una acción cuádruple: hacia delante, atrás, izquierda y derecha. ¿Ahora sí se convenció?

Ultimate Ladder: otro favorito. Una escalera que es 8 en 1, por la cantidad de formas que puede adoptar. Sirve la misma lógica de la mesa: se ahorra las otras 7. Este increíble producto está fabricado en aluminio de alta resistencia, “de igual calidad que los aviones”. De hecho, comentan que Osama compró varias Ultimate Ladder para tirarlas contra algunos edificios públicos. Soporta hasta 150 kilos, ayuda a evitar y prevenir accidentes –dicen quienes la venden, no le he preguntado a Segurito –y un interminable etcétera de ventajas. Lo mejor de todo, el precio: $139.990. Sólo piense cuánto le saldría la hospitalización después de caerse de una de esas inseguras escaleras.

Reduce fat fast: producto que, según cuentan sus promotores, reduce el apetito e incrementa el uso de la energía en el cuerpo. Como si fuera poco, quema grasas. Yo creo que ni para desengrasar la cocina debe servir. ¿Eso es todo? Nooo, claro. Inhibe ciertas enzimas digestivas, reduciendo la absorción de glucósidos y lípidos. Y sigue. Ayuda en la “remoción de desechos del organismo” –qué notable eufemismo –tiene propiedades diuréticas, reduce los niveles de azúcar… para qué seguir. En resumen, prácticamente el elíxir de la eterna juventud. Sacar a $29.990.

Nicer Dicer: de lejos mi producto preferido. Se trata de un aparato cortador de alimentos que sustituye a los procesadores de alimentos “más caros y complejos”. Tiene, según la descripción, “cuchillas ultrafilosas y contenedores de policarbonato que no se rompen ni se rallan”. O sea, prácticamente de otro planeta. Según Sammy Madison, de –dónde si no –Estados Unidos, “definitivamente rebana todas las frutas y vegetales. Con Nicer Dicer puedo prepararme ensaladas muy fácilmente (…), también es ideal para los diabéticos”. Asumiendo mi ignorancia, la parte de los diabéticos no la entiendo. ¿Ensalada con salsa de insulina? Como si fuera poco, por los módicos $29.990 que cuesta el Nicer Dicer, y llamando ahora mismo, claro, te regalan el Perfect Peeler, que no es sino un común y silvestre pelador de verduras, que se compra en cualquier parte por menos de $2.000. Una maravilla de promoción.

Dejo fuera, intencionalmente, todos los AB Algo, esos infames aparatos para ejercitar los abdominales: AB Slide, AB King Pro, AB Shaper Ultra, AB Lounge, AB Rocker, AB Doer, AB Flex, AB Swing y tantos otros. Los musculosos –y peor, las musculosas –que aparecen promocionando estos aparatos me desagradan profundamente. Me repugnan, me hacen sentir náuseas. Me hacen quedarme horas pegado viendo cómo, pocos minutos de ejercicio al día, logran dejar a Ñoño como Terminator. Despierte, a la cuenta de 3.

En vuelo hacia algún lugar

10.7.07 16 Comments

He decidido, luego de un post que me trajo más de alguna represalia y/o reprimenda, retomar algunos temas que quedaron con algunos puntos pendientes en el pasado.

Se recordarán los (pocos) lectores antiguos de este espacio el post sobre los viajes a la chilena, y el sobre los mismos chilenos volviendo a casa. Para los lectores más recientes, pueden ver el primero de estos post (el de los viajes) aquí, y el segundo (el del dulce retorno a la añorada patria) acá. O simplemente sumérjanse en el archivo del blog, que allí los encontrarán junto a otros tantos temas de diversa índole.

En fin. Luego de esta sutil autopromoción, vuelvo a lo anunciado. Entre las costumbres del chileno en sus viajes y la vuelta a casa, casi desapercibidos pasaron los vuelos. Esas interminables horas en un avión, que pueden ser ocasión de las más insólitas actuaciones del compatriota.

Entonces, aquí vamos, completando al fin la trilogía (algo que siempre, desde que vi Star Wars, quise hacer). A continuación una lista de lo que los chilenos –y de otras nacionalidades también– deben hacer sobre un avión.

Sacarse los zapatos. No bien se suben al avión, los viajeros deben despojarse de su calzado. Zapatillas, zapatos, sandalias sobre calcetines, todo fuera. Es la única forma de soportar de manera digna –por llamarlo de algún modo, claro– la hinchazón de los pies. El olor que se genera al interior del aparato es tema aparte. No pocas veces las mascarillas de emergencia han estado a punto de caer en el instante del descalzado.

Comerse y tomarse todo. Ni el más insignificante maní, ni el concho de la bebida tibia y sin gas, ni el pan añejo se salvan de la voracidad del viajero. Ya sea para calmar las ansias que produce el vuelo, ya para “aprovechar” que todo eso está incluido en el pasaje ya pagado, el chileno no perdona en lo que a comida y bebida se refiere. La azafata no alcanza a servir el vaso con Coca Cola cuando ya están pidiendo repetición. Son capaces de morder el dedo de la aeromoza en su desesperación por seguir comiendo. Y si el desconocido vecino de asiento deja algo en su bandeja, prestamente le será pedido con un “no se va a comer eso, ¿cierto?”.

Usar el baño. El viaje no es viaje hasta que se usa –ojalá con total propiedad– el baño del avión. Esto no es de extrañar cuando se trata de viajes largos, de varias horas, pero se ha visto a viajeros utilizar más de una vez los lavabos en un vuelo de menos de dos horas. Y no era una embarazada.

Piropear a la azafata. Para el caso de los viajeros hombres. No hay posibilidad de no piropear a la azafata, aunque sea al bajarse del vuelo. No importa que la aeromoza no cumpla con los estándares mínimos que la harían acreedora a un verso en tierra. En el aire, y vistiendo un uniforme, todas ellas se merecen las frases. Una variante no despreciable es molestar a los sobrecargos llamándolos azafatos y haciendo bromas acerca de sus preferencias sexuales.

Documentar el viaje. Filmar y sacar fotos son dos actividades indispensables sobre un avión. La idea es dejar constancia de que se voló. Aunque las fotos sean de las nubes que se ven por la ventana. Un clásico en este ámbito se ha perdido con la tecnología: los modernos aeropuertos ya no otorgan esa perspectiva que permitía al viajero retratarse en la losa con el avión detrás, o mejor aún, en la escalera, ascendiendo hacia la aeronave. Momento sublime, arrebatado por las modernas mangas por las que hoy se accede a los aviones.

Leer todo. Desde el catálogo del Duty Free a la tarjeta de instrucciones del avión, pasando por la lista de canales de radio disponibles, el menú o lo que tenga a mano, el pasajero debe leer todo lo que tiene a mano. Una obsesión simplemente incomprensible.

Ver la cabina. Otro clásico que ha caído en desuso, este debido a las cada vez mayores dimensiones de los aeroplanos. Aunque aún se puede ver de vez en cuando a algún pasajero que –discretamente a veces, otras con gran alboroto– se acerca a algún miembro de la tripulación para pedirle permiso para visitar la cabina. La mayoría de las veces no se permite –más todavía luego de los chistositos de las Torres– pero la esperanza es lo último que se pierde.

Complicarse para llenar los formularios. Dos, tres y hasta cuatro copias ha debido pedir un viajero para lograr llenar, no digamos de manera perfecta, pero al menos decente, los formularios de Inmigración, Aduanas, SAG o cualquier otro organismo que pida algún papel. La posibilidad de estar llenando erradamente los papeles les destroza los nervios. Y se equivocan, claro. Y le preguntan al pasajero que va a su lado, como si éste supiera dónde se dirige o por qué motivos viaja quien pregunta. Por lo demás, generalmente el vecino está tan nervioso como el que pregunta.

Aplaudir. Al aterrizar, indefectiblemente se debe aplaudir. No me explayaré al respecto, ya que traté el tema en uno de los post citados precedentemente. Así es que lean, con un flojo basta y sobra en este lugar.

Robarse cosas. Muchas veces puede justificar el viaje. La necesidad de llevarse un souvenir –o varios– supera a muchos de estos viajeros. Los cubiertos –en la era pre plástico–, audífonos –aunque con dos terminales son inútiles fuera del avión–, frazadas, revistas, bolsas de mareo. Todo vale. Lo importante es saquear el aparato. Sé de personajes que incluso se llevaron el chaleco salvavidas que estaba bajo el asiento.

Al final lo que de verdad importa es que, gracias a todas estas prácticas, el viaje será inolvidable. Para el viajero, sin duda, pero de seguro también para el resto de los pasajeros, para la tripulación e incluso para la aerolínea. Gracias por volar con nosotros.